Cambiar-el-diccionario

 Hace algún tiempo, ante la elevada desproporción entre los fondos destinados a proyectos para el desarrollo de implantes de silicona y mejoras al desempeño genital masculino, y los destinados al tratamiento del Alzheimer, un investigador proyectó el futuro con la siguiente imagen ilustrativa: “Dentro de algunos años tendremos ancianas de cuerpos esculturales y ancianos muy viriles, pero que no sabrán qué hacer con esos atributos”. Y es que, en un entorno donde prevalecen los vocablos utilidad, rentabilidad e incremento del patrimonio (por solo citar tres) en detrimento de otros como ayuda e igualdad; o las rivalidades y la vanagloria, que hacen de los colores de la ropa y las medallas los objetivos de la vida, identificadas por el Santo Padre como una de las enfermedades que ha penetrado aún en la misma Curia romana, no sorprenden desbalances como el citado, ni tampoco sus resultados.

Justamente esta realidad sugiere modificar el vocabulario vigente. Para ello nada mejor que la propuesta del Papa Francisco de una “economía social de mercado”, concebida como un capitalismo inclusivo “sustentado en la dimensión ética de la vida económica”, que al combinar el bienestar social y el incentivo de la actividad empresarial con la restauración y la protección del ambiente, erradica el enfoque imperante de “una economía de la exclusión”, que “reduce al ser humano a una sola de sus necesidades, el consumo, y fomenta “la nueva idolatría de un dinero, que gobierna en lugar de servir y la inequidad que genera violencia”; donde “la caída de dos puntos en la bolsa es noticia, y la muerte por frío de un anciano en situación de calle, no lo es”.

Se trata de transformar la economía mundial de hoy y de mañana en una nueva, a la medida del ser humano y para el ser humano; más justa, fraterna y sostenible. Algo capaz de cuestionar las leyes económicas “que producen desigualdad y exclusión, fruto de decisiones políticas que pueden ser cuestionadas y transformadas a partir del concepto de que no hay escasez de recursos ni de dinero, sino falta de justicia y de un compartir económicamente viable, ambientalmente sostenible y éticamente responsable”. Cambiar un mundo “donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”.

Ahora, ¿será posible este cambio? Respuesta afirmativa. Solo tenemos que despojarnos de individualismos vanos, como muestra la anécdota atribuida a un rey de la antigüedad, quien, al ser interrogado sobre cómo deseaba que fuese su entierro, expresó: -que mi ataúd sea cargado por médicos; que mis manos  cuelguen del ataúd y que todos mis bienes sean esparcidos por el camino al camposanto-. Ante esa inesperada propuesta le preguntaron el por qué, a lo que añadió: -para demostrar que los médicos no pueden con la muerte, que nos vamos de este mundo con las manos vacías y que todas nuestras conquistas, aquí se quedan-.

Ora con la Palabra

 

Domingo 14 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,49-53

“No he venido a traer paz, sino división”.

Lunes: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab/ Sal 45(44)/ 1Cor 15, 20-27a

“Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo”

Martes:  Ez 28,1-10/ Interleccional Dt 32/ Mt 19, 23-30

“Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios”

Miércoles: Ez 34,1-11/ Sal 23(22)/ Mt 20,1-16

“¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?”

Jueves: Ez 36,23-28/ Sal 51(50)/ Mt 22,1-14

“A todos los que encuentren convídenlos a la boda”.

Viernes: Ez 37,1-14/ Sal 107(106)/ Mt 22,34-40

“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ”

Sábado: Ez 43,1-7a/ Sal 85(84)/ Mt 23,1-12

“No hacen lo que dicen”

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