Pecado-ecológico

Desde que el Papa Francisco publicó en 2015 su carta encíclica Laudato si, la cuestión ecológica, que había sido descuidada por el magisterio ordinario de la Iglesia, ha ocupado el lugar que le corresponde en el mensaje cristiano. Llamaba el Papa a la construcción de una ecología integral, donde el cuidado de la  relación con Dios y nuestros hermanos sea complementado por el cuidado de nuestra “casa común”. La creación es el presupuesto desde el que se puede construir una convivencia sustentable. Una creación dañada genera pobreza, con todos los males subsiguientes.

A partir de entonces se habla en la enseñanza de la Iglesia de “pecado ecológico”. En el documento final del Sínodo para la Amazonía en 2019, se define un pecado ecológico como “una acción u omisión contra  Dios, contra el prójimo, la comunidad y el ambiente. Es un pecado contra las futuras generaciones y se manifiesta en actos y hábitos de contaminación y destrucción de la armonía del ambiente, transgresiones  contra los principios de interdependencia y la ruptura de las redes de solidaridad entre las criaturas y  contra la virtud de la justicia.” (“Amazonía: Nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, 82). De esta manera, el pecado ecológico se comete contra las futuras generaciones que padecerán las consecuencias de nuestro descuido de la creación. El Papa Francisco anunció  que se estudia introducir el “pecado ecológico” en el Catecismo de la Iglesia Católica.

Este pecado en el fondo no es tan “nuevo”, pues la raíz de todo pecado es la misma: el egoísmo. Por ello todo pecado rompe las redes de solidaridad, primero con los hermanos y después con las otras criaturas que son utilizadas y maltratadas para nuestro simple beneficio. El pecado siempre daña a otros y a uno mismo. El pecado contra la creación siempre existió. La creación es un bien común, por lo que apropiarse de ese bien común para fines lucrativos o egoístas es cometer una injusticia: quitarle a alguien lo que le corresponde por derecho. La injusticia es raíz de la desigualdad, de la miseria, de la opresión del más débil o  del que piensa diferente, de las guerras, de las dictaduras, o del simple aprovecharse de cualquier otro ser humano para los propios fines.

Lo “nuevo” en el pecado ecológico es, pues, la dimensión de justicia hacia las generaciones futuras. Definirlo ahora como un “nuevo” pecado nos llama la atención sobre la necesidad de no solo pensar en nuestro presente, sino también en quienes vienen después, en sus perspectivas de vida, de realización. Por supuesto, aquí hay muchos niveles de responsabilidad. Los políticos y los dueños de empresas tienen mucha más responsabilidad y suelen ser los que más dañan el medio ambiente para volverse más ricos o poderosos. Sin embargo, cada uno de nosotros tiene una pequeña cuota de responsabilidad, según la manera en que usamos los recursos que están a nuestra disposición.

Ora con la Palabra

 

Domingo 14 de agosto: XX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,49-53

“No he venido a traer paz, sino división”.

Lunes: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab/ Sal 45(44)/ 1Cor 15, 20-27a

“Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo”

Martes:  Ez 28,1-10/ Interleccional Dt 32/ Mt 19, 23-30

“Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja,
que a un rico entrar en el reino de Dios”

Miércoles: Ez 34,1-11/ Sal 23(22)/ Mt 20,1-16

“¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?”

Jueves: Ez 36,23-28/ Sal 51(50)/ Mt 22,1-14

“A todos los que encuentren convídenlos a la boda”.

Viernes: Ez 37,1-14/ Sal 107(106)/ Mt 22,34-40

“Amarás al Señor tu Dios y a tu prójimo como a ti mismo ”

Sábado: Ez 43,1-7a/ Sal 85(84)/ Mt 23,1-12

“No hacen lo que dicen”

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