Pandemia-que-eliges

Un año atrás comenzamos a vivir una realidad inimaginable. Poco antes había empezado en China, luego llegó a Europa, pero para nosotros solo era “algo” que estaba pasando en el mundo. Un “algo” que jamás creímos llegaría a nuestras vidas, y mucho menos que las cambiaría tanto. Y llegó marzo de 2020 y con él los primeros casos de COVID a nuestra tierra, unidos a toda una serie de medidas, restricciones, temores e incertidumbres, a los que no estábamos acostumbrados. Una realidad que vino de la mano del “quédate en casa”, “mantente aislado”, “protégete a ti y a tu familia”; todo ello factor común de un sentimiento marchito y triste que pretendía robarse la alegría del compartir y el estar siempre unidos, tan  característicos del cubano. Fue así como también empezamos a reconocer que formamos parte del mundo, del cual muchas veces nos sentimos separados por nuestro pensamiento de isla, que a veces nos lleva a  colorear nuestra realidad con los peores matices, sin tomar conciencia de que hay mucho más allá de esta, de que formamos parte de un todo mayor.

La pandemia llegó sin miramientos ni distinciones, sin tener en cuenta la riqueza o la pobreza, el mal o el bien, la guerra o la paz. Nos llevó, sin elección, a que hiciéramos cambios y empezáramos a aprender, ante todo, a agradecer cada día por amanecer, con vida, con salud, tener un techo que nos protege, estar en nuestro hogar con las personas que amamos y haciendo cosas para las que no teníamos tiempo. Aprendimos que la providencia de Dios es mucho más que abastecernos de lo necesario, a tener la certeza de que Él nos ve delante suyo (
pro-videre signifca `tener a alguien ante sí`. “Cuando afirmamos que Dios es providente, estamos diciendo que Dios nos tiene ante sí, que cuida del mundo y de nosotros”, José A. García sj). Aprendimos, así, a descubrirlo en todas partes y, aún más importante, a dedicarle tiempo y estar verdaderamente para Él. Aprendimos a querernos, cuidarnos y extrañarnos más.

Es cierto que hemos vivido momentos de incertidumbre, angustia, desolación, y aunque la realidad es la que es y no podemos obviarla, ¿será esa la huella que nos dejará esta pandemia?; ¿o voy a permitirme cambiar la mirada, y por qué no, ser feliz? Una vez más se nos impone el reto de replantearnos, y de tener en cuenta, ahora con mucha más fuerza, que como decidamos vivir será siempre nuestra responsabilidad. Cada realidad, por difícil que sea, nos da la oportunidad de elegir cómo la afrontaremos: si será ella quien nos domine, o nosotros quienes tomemos las riendas. Si todo lo que hemos aprendido se convierte en un signo de esperanza, entonces el miedo se debilita, la incertidumbre desaparece y en nuestras vidas florecerán la esperanza y las ganas de vivir, unidas a la confianza de que este momento también pasará. Tú eliges.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.