padrastros-y-madrastras-una

“… y recibió en su casa a su esposa” (Mt 1, 24)

A pesar de sus miedos e incertidumbres por la elección libre que acababa de hacer, ella se decidió a hablarle a él sin saber cómo reaccionaría, aunque sí estaba completamente segura de su amor  incondicional y fdelidad absoluta a lo que juntos soñaron para su futuro como esposos. “Estoy embarazada.”, le dijo con voz entrecortada. A Él todo se le vino encima en ese instante, se alejó y dudó continuar con su proyecto matrimonial con la mujer de su vida, pues no se explicaba cómo era posible, si aún no habían consumado su inmaculado amor. Luego de muchos desvelos, confó, aceptó y cumplió sabiamente sus roles como esposo y padre, hasta la eternidad.

Quizás usted piense que se trata de una historia de fcción, pero no es más que la historia del verdadero amor que vivieron santa María y san José a partir del sí  de Ella al Padre para acoger en su vientre al Enmanuel, el Dios-con-nosotros. Experiencias como estas con un desenlace feliz, tal vez sean contadas con los dedos de las manos, pero lo que sí es más cotidiano que lo esperado es encontrarnos hombres que por amor y convicción deciden emprender un proyecto de pareja con mujeres que tienen hijos de uniones anteriores para conformar de esta manera una familia reconstruida.

Ante tal realidad, tenemos que ser conscientes de que el rol de padrastro no está exento de tempestades, pues aunque ellos desempeñen un papel de padre, biológicamente no lo son. A pesar de las expectativas que la sociedad ponga en ellos y de las prácticas ejemplares que puedan ejercer como tales, no tienen derechos legales sobre sus hijastros, en cambio, sí obligaciones, de acuerdo a la edad de los mismos. Además, estos últimos pueden incluso sentir hostilidad hacia los padrastros, al verlos como contrincantes que les disputan el cariño y tiempo materno; también pueden surgir conflictos de lealtades por el afecto que ella tiene a la vez al padre biológico.

Para minimizar estos posibles problemas, primeramente hay que tener en cuenta que es en el matrimonio donde se fundan las dinámicas del hogar; por tanto, este debe constituir lo más importante en la familia. Sobre la base de esta premisa, resulta necesario que la pareja acuerde normas de convivencia familiar armónicas, favoreciendo que el padrastro -de común acuerdo con su esposa- pueda asumir con total libertad su autoridad, siempre sobre la base del respeto, la empatía y el trato afable; del mismo modo, debe colaborar con todos los que participan en la educación del hijastro. Debe estar dispuesto a un diálogo ameno, abierto y sincero con este, abriéndole las puertas de su querer, ser tolerante cuando germinen las incomprensiones y resistencias, así como brindar iguales atenciones a los hijos nuevos y anteriores, disponiéndose a acompañarlos y apoyarlos en lo que necesiten. Es por ello que, dándole vida a estas exhortaciones, de seguro muchos, ante este rol, sabrán “quitarse el sombrero”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.