Monumento-a-los-estudiantes

El 27 de noviembre de 1871 señala una de las tantas páginas oscuras de nuestra historia colonial. Iniciada la contienda de 1868 en la región oriental, los aires llegaban a La Habana para enturbiar, aún más, la atmósfera enrarecida que se respiraba en la ciudad. El cuerpo de “Voluntarios del comercio”, brazo  ejecutor de los intransigentes y fanáticos defensores de los fueros de la metrópoli contra los cubanos, fueran estos autonomistas o separatistas, controlaba el “orden”. Esta actitud no estaba libre, en muchos peninsulares, de sentimientos de desprecio y envidia hacia los cubanos, mucho más si estos tenían una buena posición económica o un alto nivel cultural. La universidad estaba en la mirilla. La ocasión se propició, primero, por el informe del capellán a la policía, y, después, por la denuncia del celador del  cementerio de Espada contra un grupo de cinco estudiantes de Medicina. El capellán, presbítero cubano José Mariano Idelfonso Rodríguez, amonestó severamente a los jóvenes estudiantes por utilizar para  diversión el carretón de traslado de cadáveres para las prácticas de anatomía, quienes reconocieron lo incorrecto del acto. Estos fueron: Anacleto Bermúdez, Ángel Laborde, José de Marcos Medina y Pascual Rodríguez Pérez; el quinto era un estudiante de 15 años, Alonso Álvarez de la Campa, quien había arrancado una flor del jardín, a quien también amonestó el “digno sacerdote”. (Cfr. “Los estudiantes de Medicina”, Fermín Valdés Domínguez). De esto no pasó el informe. Pero el hecho “sobresaliente” era haber rayado el cristal del nicho donde se encontraban los restos del periodista español Gonzalo Castañón, uno  de los representantes del integrismo. Interrogado por el gobernador civil Dionisio López Roberts, el padre Rodríguez repitió su informe y dejó claro que no había presenciado el acto de rayar el nicho, es más, señaló que las rayas estaban cubiertas de humedad por lo cual no podían haberse hecho aquel día.
 
La acusación de acción “criminal e indigna” hecha por el gobernador, terminó en una gran mentira insostenible: los estudiantes habían roto el cristal, tirado por tierra la corona de siemprevivas y profanado los huesos. En el interrogatorio previo al juicio, el sacerdote repitió su misma declaración. Por esto, en el juicio solo aparecieron las declaraciones coincidentes del padre Rodríguez y de los jóvenes acusados.Condenados a muerte por fusilamiento, los ochos “escogidos” entraron en capilla y fueron atendidos espiritualmente por sacerdotes capellanes castrenses.

Tiempos difíciles aquellos de la Guerra del 68, en los que también fue fusilado el padre Francisco Esquembre en abril del mismo 1871, y expulsado el obispo Jacinto María Martínez cuando regresaba del Concilio Vaticano I en 1873. Uno por delito de infdencia -bendijo la bandera cubana y predicó en favor de la insurrección-, y el otro, por interceder por sus feles comprometidos con la causa insurrecta. El padre Rodríguez, para su seguridad, fue transferido de la capellanía. Había declarado la verdad y era cubano.

Ora con la Palabra

 

Domingo 18 de abril: III de Pascua

 

Lc 24,35-48

“...debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón...”.

Lunes:   Hch 6,8-15 / Sal 119 (118) / Jn 6,22-29

“...Él ha sido marcado con el sello del Padre”.

Martes:   Hch 7,51al 8,1 / Sal 31 (30) / Jn 6,30-35

“...Yo soy el pan de vida”.

Miércoles:  Hch 8,1-8 / Sal 66 (65) / Jn 6,35-40

“...yo lo resucitaré en el ultimo día”.

Jueves:   Hch 8,26-40 / Sal 66 (65) / Jn 6,44-51

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.

Viernes:   Hch 9,1-20 / Sal 117 (116) / Jn 6,52-59

“El que coma este pan vivirá para siempre”.

Sábado:  Hch 9,31-42 / Sal 116 (115) / Jn 6,60-69

“...nadie puede venir a mí si no lo concede el Padre”.

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