Lzama-Lima

Para unos pocos caminantes, el número 162 de la calle Trocadero es todavía la casa de los espejos, el laberinto de las palabras, el destino de una peregrinación. Era el hogar del Maestro, donde aún gravita el poder de una voz ronca, densa y vibrante, recitando con monotonía unos versos en enigma.Siempre nos quedará la duda, el presentimiento de si en esos poemas -que alguien califcó con inocencia de herméticos- no ha quedado cifrada la fórmula de la inmortalidad.

Digo que solo con ingenuidad podemos llamarlo a él, a José Lezama Lima, un escritor hermético.Porque Hermes, el padre de los alquimistas e inventor de la escritura, es precisamente uno de los símbolos en que se resume el método lezamiano para vivir y escribir. Hermes, el tres veces grande, revela un fervor por las cosas secretas, que va más allá de lo mitológico y que Lezama, dueño de todas las tradiciones, incorporó a su obra.

Entrar a la casa de Trocadero es penetrar en el último poema de Lezama. Allí se sintetiza su diálogo con la muerte, se aspira el aroma de su tabaco fnal y se le escucha caminar, fatigado por el asma, entre la sala y la biblioteca. Pequeñas fgurillas egipcias, bromas remotas de Hermes, se amontonan sobre los anaqueles, nutridos con la
Suma Teológica de Santo Tomás -el buey mudo de Aquino, semejante a él en la desmesura corporal- y los tratados de sabiduría china. Eran, si me permiten, los componentes de su religión particular. Los fabularios sobre Lezama, narrados por amigos y discípulos, hablan de la profesión de fe que le escucharon más de una vez: “soy un católico órfico”.

Quizás quería admitir, con este credo alucinante, que carecía de límites, que su dimensión espiritual le permitía arrodillarse delante del Sagrario y, además, ser llevado como Dante o Mahoma a regiones más transparentes. Podía ser católico en su sentido pleno, universal, y órfico en sus viajes a lo subterráneo, al estómago del mundo. Con todo esto pretendía colmar de palabras el
tokonoma, el vacío esencial y creador de los japoneses, de donde manaba su peculiar espiritualidad.

La religión lezamiana -otra vez recurro al absurdo- podía incorporarlo todo y permanecer fel a la misa dominical, a la conversación con el cura Gaztelu, a los almuerzos criollos con la gente de Orígenes.

Por eso no podemos acudir a Trocadero 162 sino como peregrinos en busca de lo sagrado, que saben de memoria las décimas lezamianas a la Virgen de la Caridad, y que han entrevisto el
Paradiso en los rincones de cada librero. Sus cuadros de gente muerta y solemne, los sillones en los cuales incineró habanos y lecturas, y las pequeñas cosas que el tiempo no gasta, son las reliquias de este cubano raigal, marcado para lo eterno. Endulzado por la muerte y la escritura, en esta isla donde quedan ya muy pocos mitos, ha llegado a ser nuestro último y verdadero Ángel de la Jiribilla.

Ora con la Palabra

 

Domingo 28 de febrero: II de Cuaresma

 

Mc 9,2-10

“...Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo”.

Lunes:   Dn 9,4b-10 / Sal 79 (78) / Lc 6,36-38

“No juzguen y no serán juzgados…”.

Martes:   Is 1,10.16-20 / Sal 50 (49) / Mt 23,1-12

“...el que se rebaja, será puesto en alto”.

Miércoles:  Jr 18,18-20 / Sal 31 (30) / Mt 20,17-28

“...lo condenarán a muerte”.

Jueves:  Jr 17,5-10 / Sal 1 / Lc 16,19-31

“...no se convencerán”.

Viernes:  Gn 37,3-4.12-13.17-28 / Sal 105 (104) / Mt 21,33-43.45-46

“...tuvieron miedo del pueblo…”.

Sábado:  Mq 7,14-15.18-20 / Sal 103 (102) / Lc 15,1-3.11-32

“...estaba perdido y ha sido encontrado”.

INTENCIONES DE ORACIÓN DEL SANTO PADRE

                      PARA MARZO DE 2021

  El Papa nos pide orar por: El Sacramento de la Reconciliación

Recemos para que vivamos el sacramento de la reconciliación

con renovada profundidad, para saborear la infnita misericordia de Dios.

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