En-estas-almas-solas
Me acostumbraré a este silencio, al curso formal de los días que ningún imprevisto quebrará ya?
Simone de Beauvoir,
La mujer rota

En una carta a su hermana Eloísa de enero de 1966, José Lezama Lima le escribió lo siguiente: “La vida de todos nosotros, los que se fueron y los que se quedaron es en extremo trágica. A veces me siento como un perro que necesita un poco de amor. Yo tengo la tierra, ustedes la familia, a los dos nos falta la mitad  que nos hace seres incompletos y tristes. En nuestro país casi nunca sucedía nada, pero desgraciadamente cuando sucede algo es algo aplastante, que rebasa las posibilidades de enmienda…”

El poeta resume mejor que nadie en las líneas anteriores la dureza a la que fueron y siguen siendo condenadas muchas familias cubanas. La vida se podría defnir entre la situación que heredamos y nuestro actual modo de acomodarla. Somos seres fnitos con deseos ilimitados. No es un fenómeno típico de nuestro país la emigración, pero ha resultado demoledora la ruptura familiar a través del camino del exilio que ha convertido la fgura más cercana en un simple retrato. El sufrimiento de los cubanos no consiste  solo en los avatares propios de la vida, sino que se debe fundamentalmente a que vivimos hace décadas en fractura, porque nos hemos convertido -no se sabe hasta cuándo- en familias “en despedida”. La emigración cubana, además de su contribución a que seamos una sociedad envejecida, demuestra la contingencia de nuestras vidas. El exilio se convirtió en uno de los más frágiles asuntos cubanos, pues no es solo el dolor de la partida, la tristeza psíquica: es el dolor existencial que ello ha otorgado a los que se van y a los que se quedan. Nos ha convertido en seres en falta.

Pensar como país sería promover una cultura de paz que suscite la comprensión entre todos los cubanos, que las familias se puedan sentar de nuevo a la mesa. Estamos en una situación límite, la seguridad de nuestra sociedad se ha resquebrajado una vez más. Si la envoltura se ha deshecho, las familias se quedan como moluscos sin conchas. Debemos construir nuestras propias envolturas. Más que buscar un nuevo camino, debemos descubrir la verdad interior, porque en ella podemos encontrar una palabra cargada de sentido, necesaria de rescatar, sobrecogedora en toda su integridad: el perdón. En la actualidad hay que preocuparse y ocuparse de las familias, conocer para comprender, para que ellas puedan, al fn, vivir con amor.

Una vez, en una misa del Seminario de San Carlos, se me acercó un estudiante para explicarme la signifcación de arrodillarse en la liturgia. En 1937, Simone Weil fue a Asís y algo más fuerte que ella la obligó a ponerse de rodillas. Hoy me pongo de rodillas y le pido a Dios que salve a la familia cubana, que llegue a ser lo que verdaderamente es.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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