Apocalipsis


 
La palabra
Apocalipsis en nuestra cultura popular suena a catástrofe y a fin del mundo. ¿Pero es en realidad así? ¿Quiso Juan, el profeta de la isla de Patmos, llenarnos de miedo cuando la puso como primera palabra del último escrito de la Biblia cristiana? La raíz de este vocablo griego significa ´correr el velo, descubrir, revelar´. El profeta de Patmos escribe a las iglesias del Asia Menor hacia fines del siglo I  con la intención de descubrirles el plan de Dios para el momento que están viviendo. Se trata de una buena noticia, de un mensaje que anima y consuela.

La primera de las siete bienaventuranzas dice así: “dichoso el que lee y los que escuchan y mantienen la palabra de esta profecía” (1,3). Esto ocurre cuando nos congregamos en la iglesia. Tanto el que lee como los que escuchamos, sentimos que Cristo está con nosotros. Por eso encontramos tantos himnos de alabanza y agradecimiento a Dios, Señor y Rey del universo. El Apocalipsis recoge siete. Uno de ellos canta: “Santo, Santo, Santo el Señor Dios omnipotente, el que es, era y está viniendo” (4,8). Cristo viene cada día al mundo, en particular, a su Iglesia en la celebración litúrgica, cuya huella primitiva encontramos en este libro.

No era fácil vivir como Iglesia en aquel tiempo. El emperador romano, Domiciano, recordaba a Nerón. Con el culto religioso a su figura pretendía mantener la unidad del imperio. Muchos cristianos, por el temor a ser discriminados y perseguidos, colaboraban con ese proyecto. Había que descubrir los engaños que circulaban y avivar el compromiso. Cristo dice a la Iglesia de Éfeso: “has perdido el primer amor”, y a los de Laodicea: “mira que estoy a la puerta y llamo”. Y por siete veces reitera: “quien tenga oído, escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias”.

Pero… ¿y las amenazas? Hay muchos cristianos que solo leen las serias advertencias del libro. Estas van dirigidas sobre todo a las personas que se niegan a abandonar la corrupción y juegan con su vida como si no existiera Dios. Y uno también se pregunta: ¿por qué tantas y tan diversas imágenes, algunas tan complicadas? Una razón podría ser para esconderlo de los funcionarios romanos, quienes ya tenían la manera de descifrarlo; mas, probablemente entonces porque existía en aquella época un gusto particular por los símbolos y la literatura apocalíptica. Los grandes profetas de Israel, sobre todo Ezequiel y Daniel, la emplearon siglos antes. Dios se puede revelar a través de la capacidad humana de generar imágenes y símbolos arquetípicos. El reto consiste en sintonizar con aquella clave de pensamiento tan distinta. Cuando, por ejemplo, Juan ve al Cordero en pie como degollado con siete cuernos (5,6) nos dice que Cristo muerto y resucitado es Todopoderoso, Señor de la creación y de la historia.

Una interpretación al pie de la letra desvía el mensaje.Recomendamos la lectura de una Biblia con notas explicativas adecuadas.

Ora con la Palabra

 

Domingo 20 de junio: XII del Tiempo Ordinario

 

Mc 4,35-41

“...¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

Lunes:  Gn 12,1-9 / Sal 33 (32) / Mt 7,1-5

“No juzguen a los demás...”.

Martes:   Gn 13,2.5-18 / Sal 15 (14) / Mt 7,6.12-14

“...pocos son los que lo encuentran...”.

Miércoles:  Gn 15,1-12.17-18 / Sal 105 (104) / Mt 7,15-20

“...los reconocerán por sus obras”.

Jueves: Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista
Is 49,1-6 / Sal 139 (138) / Hch 13,22-26 / Lc 1,57-66.80

“...Su nombre es Juan...”.

Viernes:   Gn 17,1.9-10.15-22 / Sal 128 (127) / Mt 8,1-4

“...Quiero; queda limpio”.

Sábado:   Gn 18,1-15 / Interl. Lc 1 / Mt 8,5-17

“...hágase todo como has creído”.

Suscripción al boletín

Si desea recibir la publicación en formato digital, solicítelo a la dirección: vidacristianaencuba@gmail.com.