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En la historia pasada:

El 3 de octubre de 1774 el Seminario San Carlos y San Ambrosio recibió a sus primeros alumnos. Comenzaba así la fecunda labor docente de lo que sería el primer y más importante semillero de cubanía y de cultura que tuvo nuestra Patria por varias generaciones.

No es tarea sencilla resumir la relevancia y la significación del proceso educativo que, en benefcio de la nación cubana, desarrolló el Seminario San Carlos y San Ambrosio al ser cuna y hogar para la conciencia de una Patria que despertaba y suscitaba los más elevados ideales de independencia.

El espíritu convocador que nacía en San Carlos, tenía como origen una matriz enriquecida por el amor a Dios y a Cuba. El Evangelio y la cubanía, la fe y el patriotismo, en síntesis armoniosa e inseparable, constituyen la sublime dotación que aportó el Seminario a la emergente nacionalidad.

Así lo intuían y deseaban los padres fundadores al solicitar al Rey Carlos III la aprobación de sus estatutos. En dicho documento leemos lo que fue su intención fundacional: “formar un taller en que se forjen hombres útiles a la Iglesia y al Estado, hombres que por su probidad y literatura sean capaces de cualquier ministerio sagrado o profano, de hacer el servicio de ambos magistrados y contribuir a la felicidad de los pueblos”.

Sería imposible en este breve espacio mencionar los nombres de los cubanos que desde el Seminario forjaron para Cuba una “eticidad vigorizada” cuyas raíces están en el espíritu y en las enseñanzas del cristianismo. Baste mencionar aquellos nombres recordados por Martí: Padre José Agustín Caballero, “el Padre de los pobres y de la flosofía”, Padre Félix Varela, “el santo cubano” y Don José de la Luz y Caballero, “el maestro, silencioso fundador”.

En la historia presente:

A los diez años de la inauguración del nuevo edifcio debe ser deseo y responsabilidad de todos, Iglesia e instituciones civiles, cuidar para que la forja de aquellos ideales del Seminario San Carlos no decline. Las glorias de ayer son nuestras responsabilidades de hoy.

El presente del Seminario es también cuna, hogar y taller germinal de humanismo y de santidad sacerdotal, en donde las semillas del Evangelio de Cristo fecundan en almas y voluntades empeñadas en construir una nación reconciliada y próspera y una Iglesia “orante, encarnada y misionera”.

Para lograrlo, la formación sacerdotal integra una sólida espiritualidad, claridad y firmeza doctrinal, capacidad para el sacrificio y el diálogo asumiendo la realidad en que vivimos con carácter viril y valentía apostólica; cercanos a los más pobres, enraizados en el pueblo, la Patria y la cultura.

También hoy el Seminario San Carlos y San Ambrosio, en continuidad con el glorioso legado recibido, se esfuerza por formar buenos y santos sacerdotes.  Quizás no deslumbren nunca sus nombres, tal vez ni los recojan los historiadores y cronistas, pero estemos seguros de que “sus nombres están escritos en el cielo”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 22 noviembre:Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Mt 25,31-46

“Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”.

Lunes:   Ap 14,1-3.4-5 / Sal 24 (23) / Lc 21,1-4

“Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”.

Martes:   Ap 14,14-19 / Sal 96 (95) / Lc 21, 5-11

“No quedará piedra sobre piedra”.

Miércoles:  Ap 15,1-4 / Sal 98 (97) / Lc 21, 12-19

“Todos los odiarán por causa mía”.

Jueves:  Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3.9a / Sal 100 (99) / Lc 21,20-28

“Jerusalén será pisoteada por los gentiles”.

Viernes:   Ap 20,1-4. 11-21,2 / Sal 84 (83) / Lc 21,29-33

“Sepan que está cerca el Reino de Dios”.

Sábado:   Ap 22, 1-7/ Sal 95 (94)/ Lc 21,34-36

“Estén siempre despiertos”.

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