Eliseo-Diego

Uno de los grandes poetas cubanos, Eliseo Diego Fernández Cuervo, vio la luz el 2 de julio de 1926 en La Habana.

Los primeros años de su infancia fueron felices. Residió en una hermosa quinta de Arroyo Naranjo y, con apenas seis años, viajó por Francia y Suiza, lo que años después consideraría decisivo para el nacimiento de su vocación poética. Por otra parte, su madre le trasmitirá el conocimiento y la pasión por el idioma inglés, así como lo educará en la fe católica, de la cual el escritor nunca se apartará.

En 1929 la crisis económica obliga a la familia a alquilar la quinta y trasladarse al Vedado. El sensible Eliseo vio esta mudanza como la pérdida del Paraíso y el tema se hará recurrente en sus versos. Sin embargo, la vida citadina lo ayudó a completar su educación en el colegio La Luz y a encontrar amigos con preocupaciones intelectuales semejantes que contribuirían después a formar el grupo “Orígenes”: las hermanas García Marruz, Cintio Vitier, Octavio Smith. Con ellos se reunía en largas tertulias de las que saldría una revista modesta y novedosa:
Clavileño. Conocer en 1946 a José Lezama Lima fue un estímulo decisivo para Diego, quien creó silenciosamente durante años su obra literaria, mientras sostenía a su familia gracias a su trabajo como inspector escolar de inglés.

Su visión del mundo está centrada en la contemplación de los objetos humildes, cotidianos, para descubrir su particular belleza. Entre sus obsesiones estaban la acción del tiempo sobre las obras humanas, la nostalgia de la inocencia infantil y el descubrimiento de la huella de la divinidad en el mundo. La vida familiar fue tema frecuente en sus libros.

El primero de sus libros de poesía,
En la Calzada de Jesús del Monte (1949), es uno de los textos imprescindibles de la literatura cubana y le seguirían otros de muy alta calidad: Por los extraños pueblos (1958) y El oscuro esplendor (1966). Resulta llamativo un volumen de madurez, Los días de tu vida (1977), en el que incluye varios poemas de tema explícitamente religioso, lo que no era habitual en aquellos momentos.

A partir de 1962 trabajó varios años como jefe del Departamento de Literatura Infantil de la Biblioteca Nacional. Se dedicó a la preparación de personal para hacer narración oral a los niños, a la vez que hacía ediciones de relatos clásicos, desde los hermanos Grimm hasta Andersen. Hizo versiones de poesía inglesa y norteamericana, recogidas en la antología
Conversación con los difuntos.

En 1986 recibió el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra. En 1993 le entregaron en México el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe “Juan Rulfo”. Falleció en aquella nación poco después, el 1 de marzo de 1994.

Eliseo Diego fue un hombre consagrado a las letras, preocupado por la justicia social y un cristiano practicante que supo emplear los talentos recibidos para servir al prójimo y alabar a Dios.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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