Santa-Margarita-Maria-Alaco


Cuando vivimos inmersos en una comunidad de fe, participamos junto a nuestros hermanos de la revelación de Dios. Muchas veces esta experiencia espiritual nos mueve a la alabanza y a la misión. Pero también, en ocasiones, cuestionamos ciertas narrativas que nos dejan con un sinsabor, por la posibilidad o duda de que sean inspiradas por Dios.

María, Madre de Jesús, es el primer regalo y el más cercano de nuestro Padre Dios. Como cubano, dondequiera he compartido que María de la Caridad del Cobre es un don del Espíritu Santo para todos los hijos de Cuba.

Todo ser humano, lo sepa o no, está bajo el influjo de una revelación trascendental. Dios ha ofrecido la gracia como oferta que pide ser acogida. Ha salido al encuentro del ser humano, que ha sido creado para recibir su Palabra en la historia. Esa donación llega a ser plena en la Encarnación.

Partiendo de esta argumentación teológica aprobada por la Iglesia, Dios en su autocomunicación regaló al ser humano, desde el principio, la condición de poder recibir este don de Sí mismo. El ser humano es libre de aceptar esta donación de Dios.

La Palabra de Dios, revelada en la Escritura, es la norma fundamental de toda revelación. En ella la persona de Jesús es la plenitud de la autorrevelación de Dios, en quien se nos manifesta. La revelación no es primariamente un conjunto de verdades frías que una generación transmite a la otra. La revelación, según
Dei Verbum en el Concilio Vaticano II, es ante todo un encuentro, una relación de Dios con su pueblo (Israel y la Iglesia) que se da en la historia y en medio de los acontecimientos cotidianos.

Cuando la Iglesia tiene que discernir una revelación privada (el regalo del Sagrado Corazón, apariciones de la Virgen, etc.) utiliza dos criterios fundamentales: los frutos de esta experiencia (“Por sus frutos le conocerán”, Mt 7, 15-20) y la coherencia de este mensaje con la memoria y vida de Jesús. Si este mensaje ayuda a entender con mayor profundidad el Evangelio en las circunstancias actuales y a dar frutos de amor a Dios y al prójimo, entonces podríamos estar en presencia de una revelación privada. No obstante, esta revelación no añade nuevos elementos al mensaje de Jesús y por lo tanto no debería ser presentada como necesaria para la fe de todos los creyentes.

El criterio fundamental de una experiencia de Dios no es tanto los milagros o acontecimientos extraordinarios que acompañan a este suceso, sino cómo nos permite seguir a Jesús más de cerca, amarlo en las personas más vulnerables y participar en el gran deseo de Dios para este mundo: un Reino de justicia, paz y misericordia.

Ante la festa del Sagrado Corazón de Jesús, podemos confiar y dar gracias por la revelación personal que Santa Margarita de Alacoque recibió y como cubanos por el don del Espíritu Santo en María de la Caridad del Cobre.

Lo más importante es poder experimentar al Resucitado en nuestras vidas. El fundamento de la vida cristiana es el encuentro con Jesús y, como fruto, poder vivir nuestra fe en comunidad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 17 de enero: II del Tiempo Ordinario

 

Jn 1,35-42

“...vieron donde vivía, y pasaron con Él el resto del día…”.

Lunes:   Hb 5,1-10 / Sal 110 (109) / Mc 2,18-22

“...hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos”.

Martes:   Hb 6,10-20 / Sal 111 (110) / Mc 2,23-28

“...tiene autoridad también sobre el sábado”.

Miércoles:  Hb 7,1-3.15-17 / Sal 110 (109) / Mc 3,1-6

“...su mano quedó sana”.

Jueves:  Hb 7,25 al 8,6 / Sal 40 (39) / Mc 3,7-12

“iTú eres el Hijo de Dios!”.

Viernes:  Hb 8,6-13 / Sal 85 (84) / Mc 3,13-19

“...eligió entre ellos a doce, para que lo acompañaran...”.

Sábado:  Hb 9,2-3.11-14 / Sal 47 (46) / Mc 3,20-21

“...decían que se había vuelto loco”.

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