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Una nación se consolida cuando sus habitantes comparten territorio, lengua, leyes, costumbres, memoria y proyectos de futuro. Por regla general, adopta ángeles tutelares como símbolos de identidad, unidad, referencia y reverencia.

Cuba es muy afortunada al tener dos de esos benévolos protectores, quienes, por encima de otras figuras, reciben la admiración y el afecto de la inmensa mayoría de nuestros compatriotas: José Martí, el más universal de los cubanos y la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba. Hoy hablaremos de Cachita.

La imagen de la Virgen llegó a Cuba en 1614 y lleva más de cuatro siglos irradiando bondad y esperanza. Ha acompañado al pueblo en sus tribulaciones y alegrías. El Santuario del Cobre es un museo vivo de muestras de cariño y agradecimiento. La encontramos no solo en todas las iglesias de Cuba, sino también en infnidad de rincones domésticos.

Tratándose de alguien tan especial, no debe extrañarnos que, al emigrar de la isla, los cubanos la llevamos, si no siempre en la maleta, ciertamente en nuestros corazones.

Y, poco a poco, se fueron instalando repisas en los modestos apartamentos de los recién salidos. Luego fuimos convenciendo a los diferentes párrocos de colocar su imagen en los altares de las nuevas iglesias que frecuentaríamos. Y así, la Caridad llegó a Santo Domingo (1861); Madrid (1871); Cayo Hueso (1879); Navelgas, Galicia (1898); Vinyet, Cataluña (1919); Nueva York (1920); Melilla (1920); El Hierro (1924); Panamá (1944); México (1946); Santander (1949); Sevilla (1958); San Juan (1965); Caracas (1971); Washington D.C. (1977). Para honrarla de manera muy especial, desde 1973 se encuentra reinando en la ermita que le fuera construida y dedicada, rodeada de tierra de todas las zonas de Cuba, frente al mar, mirando desde Miami.

Desde fuera, le componemos y cantamos canciones, como “Virgen mambisa”. La celebramos en versos, pinturas, esculturas y vitrales. Le rezamos por Cuba y los cubanos. La llevamos al cuello, en el llavero, la billetera… y en el fondo del alma.

Los emigrados ya no compartimos con los insulares ni territorio, ni leyes, ni cementerios. Las vivencias no son ya las mismas y nuestros futuros apuntan hacia destinos bien distintos. Pero mantenemos profundos vínculos con la isla que vio nacer a abuelos, padres, y a nosotros mismos. El mejor ejemplo de esos lazos indestructibles es la propia Caridad.

El 8 de septiembre (como también lo es el 28 de enero, natalicio del Apóstol) es la Fiesta Común. Desde Artemisa a Acapulco, de Bayamo a Bayamón, de Cárdenas a Caracas, de Esperanza a Estocolmo, de Fomento a Fortaleza, de Guantánamo a Guayaquil, de Holguín a Hialeah, de Imías a Estambul, de Jobabo a Johannesburgo, de Limonar a Livorno, de Morón a Moscú, de Nueva Gerona a Nueva Delhi, de Palmira a París, de Quemado a Quebec, de Rodas a Rosario, de Santiago de Cuba a Santiago de los Caballeros, a Santiago de Chile, a Santiago de Compostela. Ese día somos un solo pueblo. ¡Gracias, Madre!

Ora con la Palabra

 
  Domingo 20 de septiembre: XXV del Tiempo Ordinario

Mt 20,1-16

“...los últimos serán primeros, y los primeros serán últimos”.

Lunes:  Ef 4,1-7.11-13 / Sal 19 (18) / Mt 9,9-13

“...Me gusta la misericordia más que las ofrendas”.

Martes:   Pro 21,1-6.10-13 / Sal 119 (118) / Lc 8,19-21

“...son los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”.

Miércoles:  Pro 30,5-9 / Sal 119 (118) / Lc 9,1-6

“...los envió a anunciar el Reino de Dios...”.

Jueves:  Ec 1,2-11 / Sal 90 (89) / Lc 9,7-9

“Y tenía ganas de verlo”.

Viernes:   Ec 3,1-11 / Sal 144 (143) / Lc 9,18-22

“...El Hijo del Hombre tiene que sufrir mucho...”.

Sábado:  Ec 11,9 al 12,8 / Sal 90 (89) / Lc 9,43-45

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

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