Templos-vacios

 

Testimonio en el Jubileo de la Vida Consagrada (selección)
Catedral de La Habana, 28.09.2019

La alegría auténtica como misionera ayer y hoy, que pasa por la cruz, ha estado también hecha de sangre, sudor y lágrimas. Dolor por los misioneros que salieron forzados del país en 1961. En ese entonces el clero era poco; solamente permanecían en la isla 15 congregaciones femeninas y 14 masculinas, la mayoría dedicadas a la labor asistencial.

La Iglesia necesitaba agentes pastorales consagrados para la evangelización. Los obispos nos invitaban a asumir misiones parroquiales. Nos manteníamos unidos, casi todos nos conocíamos y vivíamos la experiencia de pequeño número, fortaleciéndonos como amigos y como familia.

Nuestro Instituto comenzó en Cuba en 1964. Las jóvenes fundadoras no habían pronunciado aún sus primeros votos; algunas renunciaban a sus trabajos, otras interrumpían sus estudios para asumir misiones pastorales. Fue el momento de dar un salto en el vacío, pero con la confanza profunda que nos da la fe. Y ahí está la alegría de la misión.

La cruz, entonces, se tornó ofrecida: oblatas detenidas o presas por “llevar niños al catecismo”, maestras expulsadas de su trabajo, pues las escuelas fueron nacionalizadas y por ser católicas eran culpadas de “activismo religioso”. Sin embargo, los frutos de esa cruz no se hicieron esperar.

Se abrieron dos casas cerradas: la antigua casa parroquial de Guanabo y la de la Iglesia del Ángel en la Habana Vieja. Comenzó otra manera de manifestarse la Iglesia en nuestros barrios. Alrededor del edifcio que ocupaban las Damas de Acción Católica, cerrado durante años, se construyó un barrio de grandes edificios multifamiliares donde comenzó a funcionar una capilla (Santa Catalina). Allí hoy se mantiene una comunidad cristiana atendida por los “Misioneros de Guadalupe”.

Algunas estábamos en las fronteras de la Iglesia y del mundo, priorizando, como instituto secular, los medios carentes de presencia cristiana comprometida. El trabajo era para nosotras lugar de evangelización y medio de santifcación. Vivíamos la vida sencilla, la inserción, la encarnación, la solidaridad, el trabajo humano, la amistad al estilo de Jesús, “para ser puente entre los hombres y Dios”. A veces la gente me enseñaba una estampa del Sagrado Corazón o de la Virgen de la Caridad detrás de la puerta, dentro del escaparate, estrujada en el bolsillo o en una cartera, y lo que es más, dentro del corazón.

Cuando solo éramos pocos, cuando el éxodo una y otra vez separaba a nuestras familias y comunidades, nos retroalimentábamos de la alegría de crecer juntos como Iglesia, desafando con audacia y compromiso los peligros y problemas.

Hoy en nuestra Habana se restauran edifcios. Yo soy testigo de que se restauran también corazones. En medio de la realidad coyuntural que vivimos, doy gracias a Dios por la confanza de que, entre sufrimientos, luchas y carencias, detrás de cada gesto amable, de cada sonrisa comprensiva, de cada brazo extendido para ayudar, apoyar, o recibir, de cada “
gracias, que Dios te bendiga” está el Amor de un Dios que hace historia con nosotros. Esa es mi alegría.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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