La-comunicación

 

Religión y comunicación tienen una estrecha correspondencia que se evidencia ya en su etimología propia.En un signifcado más amplio, “religión” viene del latín re (prefjo de intensidad) y ligare (verbo “unir”), y signifca `unir en vínculos`. Una auténtica comunicación también fomenta relaciones entre las personas.

La transmisión de ideas y conocimientos fuera de los espacios tradicionales comenzó a ser un tema relevante para la Iglesia tras la invención de la imprenta por Gutenberg en el siglo XV, que permitió una mayor diversifcación y difusión de la literatura y el pensamiento en las sociedades occidentales. Desde el  Papa Inocencio VIII, quien publicó en 1487 el documento
Inter Multíplices, hasta Pío IX en 1879, se observa la preocupación de los pontífces por la defensa de la fe y a partir del siglo XIX, el rechazo de una prensa con intereses y valores contrarios a la verdad y moral cristianas.

No fue hasta el pontifcado de León XIII, con su famosa encíclica
Rerum Novarum (1891), que se reconoció oficialmente la importancia de la comunicación social dentro de la Iglesia. En consecuencia, ya para los años de 1939 a 1958, a Pío XII se le consideró el Papa de la radio, por el uso dado a ese medio para propagar sus mensajes.

Con la realización del Concilio Vaticano II (1962-1965) y tras la publicación del decreto
Inter Mirifica, la Iglesia planteó como una de sus necesidades más importantes la promoción de auténticos espacios de información, el desarrollo de “una prensa honesta y verdaderamente católica” y la formación de los laicos y sacerdotes en el conocimiento de los medios.

Sin dudas, el uso de los medios de comunicación es un derecho de la Iglesia –como cualquier otra institución social jurídicamente establecida- a promover su voz  dentro del espacio público, socializar a los feles en las diócesis y parroquias y presentar la Palabra de Dios a un grupo más amplio de personas, como herramienta que permite otorgar visibilidad y voz propia a cristianos y no cristianos.

Cada día crecen la tecnología y los espacios informativos por doquier. También aumentan los medios que se dedican a desinformar y manipular. Todo esto ha provocado que muchas personas se alejen de sus relaciones propias y sean absorbidas por grandes monopolios mediáticos. Está demostrado que un medio de comunicación, utilizado para manipular, afecta a las personas, haciéndolas más ignorantes, dependientes y alejadas de la realidad.

En la actualidad, dentro de los espacios eclesiales hay instancias, agentes de pastoral y feles que aún no se preguntan cómo transmitir el mensaje del evangelio a través de una auténtica y multiforme comunicación, y otras, menos conscientes aún, se prestan a propagar noticias falsas.

La Iglesia, como destaca el Magisterio eclesial, debe oponerse a toda práctica que obstaculice la dignidad y el crecimiento espiritual del ser humano. Por tanto, la promoción de una comunicación alternativa a los grandes monopolios mediáticos y que tenga a Jesús como paradigma de comunicador es vital para una Iglesia “en salida” que busca ser más inclusiva y servir mejor en los tiempos actuales.

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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