politica-y-religion

 
La Iglesia católica es la más antigua de las instituciones del mundo occidental, presente en nuestro devenir cultural desde el proceso de conformación de sus valores, identidades y presupuestos.

Desde el siglo IV, al ser legitimada por Constantino con el Edicto de Milán (313 d.n.e) como religión de Estado, comenzó a participar de las estructuras de la vida política del Imperio romano en descomposición y, tras su caída en el siglo V, se convirtió hasta la Revolución francesa en la institución más poderosa de la vida política, social y espiritual de la Europa occidental.

Cuando en el siglo XIX Napoleón I se extendió por Europa, difundiendo el espíritu de la revolución, con la perspectiva laica del Estado, la Iglesia vivió un mal momento. Pero, tras la “unifcación de las monarquías europeas” para enfrentar al Corso con la llamada Santa Alianza en 1815, se resituó en el centro de las decisiones políticas de los enemigos del imperio napoleónico para recuperar relativamente su influencia.

En el resto del siglo XIX se produjeron movimientos de la burguesía para hacerse con el poder o reconquistarlo. Las revoluciones de 1848 al 49, el imperio de Luis Bonaparte en Francia, las unifcaciones alemanas e italianas para la segunda mitad del siglo y el empoderamiento estadounidense a nivel continental en América, hicieron renacer el laicismo -movimiento de reivindicación de la independencia estatal respecto de las confesiones religiosas- como planteamiento político del Estado.

Ello tendía a desalojar a la Iglesia de las estructuras centrales de la política, pero el crecimiento de los movimientos obreristas de inspiración marxista y la centralidad del mercado en la vida económica y política del capitalismo la llevaron a tomar posición para plantear sus propias perspectivas y criterios en el mundo industrial, etapa que parece iniciarse con la encíclica “Rerum Novarum” (
Las nuevas cosas) del Papa León XIII.

El complejo y convulso siglo XX lanzó a la Iglesia al ruedo de la política como mediadora o como participante en conflictos -las guerras mundiales y sus efectos, las revoluciones “socialistas” y populares, el peligro de una guerra nuclear durante la Guerra Fría, el nacimiento de nuevas estructuras estatales y políticas, la eclosión de movimientos de masas en el Tercer Mundo-, lo que motivó la elaboración de encíclicas y la gestación de nuevas prácticas pastorales y corrientes teológicas, que conllevaban posicionamientos políticos.

El siglo XXI ha movido a la Iglesia a posicionarse políticamente para no verse excluida de las esferas de influencia moral, ética e ideopolítica y ser un actor con voz escuchada. Así, el Papa Francisco llama la atención sobre los destinos del medio ambiente, los migrantes, las desregulaciones económicas, la violencia, el narcotráfco y la indiferencia del poder ante los excluidos. Estos posicionamientos indican que la catolicidad, al margen de la política partidista, debe participar de la vida política, tanto como de los demás aspectos vitales de las sociedades en que hace vida.

Para la Iglesia católica, la participación política es hoy –y siempre- un asunto ¡de vida o muerte!

Ora con la Palabra

 

Domingo 12 de julio: XV del Tiempo Ordinario

 

Mt 13,1-23

“...este da y produce fruto...”.

Lunes:  Is 1,10-17 / Sal 50 (49) / Mt 10,34 al 11,1

“El que los recibe a ustedes, me recibe a mí...”.

Martes:  Is 7,1-9 / Sal 48 (47) / Mt 11,20-24

“iHasta el abismo te hundirás!”.

Miércoles:  Is 10,5-7.13-16 / Sal 94 (93) / Mt 11,25-27

“Todo me lo ha entregado mi Padre...”.

Jueves:  Is 26,7-9.12.16-19 / Sal 102 (101) / Mt 11,28-30

“...mi yugo es suave y mi carga ligera”.

Viernes:   Is 38,1-6.21-22.7-8 / Interl. Is 38 / Mt 12,1-8

“...quiero amor y no sacrifcios...”.

Sábado:   Miq 2,1-5 / Sal 10 (9) / Mt 12,14-21

“El los curó a todos...”.

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