Solo-sigan-con-vidaQuizás este texto resulte familiar a esos jóvenes a quienes la prosperidad se nos ha vuelto la palabra más lejana, aunque tan solo a unos pasos de verla. Como siempre, he optado por escribir mi verdad. Debo admitir que a veces he intentado largarme de aquí, y por decisiones, en ocasiones inexplicables, nunca lo he conseguido. Pero ya no me atrevo a decirle a nadie que se quede (lo lamento); yo he optado por permanecer y afrontar esa decisión. Igual, con cada familiar o amigo que se va, siento que la Isla pierde un pedazo y también yo.

Eva y Andrés: los migrantes
Llevan años planeando su salida; crecieron en el período especial y han perdido la fe por Cuba; en sus vidas habita el drama de toda una generación. Ella es una joven profesional y él, un “luchador” de la vida. Vendieron su casa, y en su mente ya no había patria ni ideología que los hiciera volver atrás. Y aunque sus padres les dijeran miles de palabras, intentando hacerlos cambiar de opinión, se lanzaron por una ventana migratoria. Salieron rumbo a Guyana y empezaron una travesía que incluyó varios destinos fronterizos. Al llegar a Brasil, saben que ya han cruzado un país, pero les faltan otros tantos, y se encomiendan con su espiritualidad cristiana a ese Jesús que no necesita visa para caminar con ellos.

El coyote
En algún lugar de Centroamérica se une a la caravana un hombre contratado sin mucho amor en los ojos que, por unos cuantos dólares, acompaña al grupo de cubanos en su ruta. En el cruce de un río, una madre ve morir ahogada a su niña que se le escapó de las manos; y este ser sin alma, o con una de coyote, le impidió al barquero parar el bote que los llevaba a todos traumatizados, entre ellos Eva y Andrés, a la próxima orilla.

El destino
Después de pasar un calvario, selva del Darién y campamentos de presos en México incluidos, se encuentran en la frontera de su sueño, tan cerca pero a la vez tan lejos. Han ido gastando su dinero para vivir y han empezado a trabajar en lo que aparezca; sus ojos enfrentan diariamente los miedos de un lugar lleno de extraños y de una violencia ambiental que parece reclamar sus mentes. Llevan meses allí y aún no ven claras sus aspiraciones, pero saben que un retorno duele más que una derrota. Han vistoa algunos de sus compañeros cubanos sucumbir ante la espera y han empezado a padecer el síndrome del migrante (enfermedad que está afectando la salud mental de algunos cubanos que no ven realizado su sueño de prosperar). Eva y Andrés seguirán resistiendo mientras tengan fuerzas.

Desde la Iglesia católica nos unimos en oración a esos cubanos que siguen soñando con llegar a un destino mejor. Ojalá que nunca dejar de creer en esos proyectos de vida que veían posibles. Por favor, amigos,
solo sigan con vida.

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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