La-hora-de-las-víctimas
El Motu Proprio «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14), publicado por el Papa Francisco el 7 de mayo de 2019, con el que modifica la ley eclesial en lo que respecta a la prevención de abusos y la creación de una cultura de protección para los menores y las personas vulnerables, dice: «Los delitos de abuso sexual ofenden a Nuestro Señor, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas, y perjudican a la comunidad de los fieles». Ciertamente, en el último tiempo han salido a la luz, en distintas partes del mundo, los desgarradores testimonios de personas que han sufrido abusos de poder, conciencia y sexuales por parte de miembros de la Iglesia Católica, desde cardenales hasta catequistas, que, aprovechándose de la confianza depositada y de la vulnerabilidad de las víctimas, han desfigurado totalmente el ministerio que se les había confiado. Escuchar los relatos de quienes, valientemente, han denunciado estos hechos hace brotar en el interior sentimientos de rabia, indignación, dolor y vergüenza. Más aún cuando a esto se suma el intento de encubrir los hechos o se ha permitido que quien abusa pueda continuar cometiendo estas atrocidades ante la mirada indiferente y negligencia de las autoridades eclesiales. Esto no debe tolerarse bajo ninguna circunstancia. En nuestras conciencias deben resonar las palabras de Jesús: «Les aseguro que lo que hayan hecho a uno solo de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicieron» (Mt 25, 40).

Este ha de ser el tiempo de las víctimas, ellas deben ser puestas en el centro de la preocupación eclesial. Frente a ellas nunca deben prevalecer los intereses institucionales. Se deben investigar las denuncias con diligencia, profundidad y respeto. El único compromiso previo que ha de existir es con la verdad. La verdad es la que nos hará libres (Jn 8, 32) de este delito dentro de la Iglesia. El Papa ha pedido a las autoridades eclesiásticas comprometerse «con quienes afirman haber sido afectados, junto con sus familias, para que sean tratados con dignidad y respeto, y han de ofrecerles, en particular: a) acogida, escucha y seguimiento, incluso mediante servicios específicos; b) atención espiritual; c) asistencia médica, terapéutica y psicológica, según sea el caso». Hoy, más que nunca, necesitamos de la ayuda de los laicos para crear una cultura de protección, tanto dentro de la Iglesia como en la sociedad en general. Necesitamos de hombres y mujeres de fe que, comprometidos con el Reino de Dios, desafíen a los que se les ha confiado el ministerio sacerdotal y a los religiosos y religiosas a vivir coherentemente su vocación. Solo arraigados en Jesús podremos renovar la esperanza. Solo con Él es posible la conversión verdadera. No hay que temer a la verdad; miedo se debe tener a provocar daño a los más débiles; aquellos que Jesús nos pidió cuidar con mayor esmero. A las víctimas, perdón por tanto dolor y gracias por la valiente perseverancia para alzar la voz contra el abuso. A los cristianos, compromiso con la verdad, la acogida y la coherencia evangélica.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de enero: III del Tiempo Ordinario

 

Mt 4,12-23

“La gente que vivía en la oscuridad ha visto una luz muy grande...”.

Lunes:  2 Sm 5, 1-10 / Sal 89 (88) / Mc 3,22-30

““...se les perdonará todo a los hombres...”.

Martes:  2 Sm 6,12b-15.17-19 / Sal 24 (23) / Mc 3,31-35

“…¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?”.

Miércoles:  2 Sm 7,4-17 / Sal 89 (88) / Mc 4,1-20

“...se les ha dado el misterio del Reino de Dios...”.

Jueves:  2 Sm 7,18-19.24-29 / Sal 132 (131) / Mc 4,21-25

“...al que produce se le dará más...”.

Viernes:  2 Sm 11,1-4ª.5-10ª.13-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,26-34

“La tierra da fruto por sí misma...”.

Sábado:  2 Sm 12,1-7ª.10-17 / Sal 51 (50) / Mc 4,35-41

“¿Todavía no tienen fe?”.

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