La-Verdad-con-luz-y-sombra“Tengo miedo”, es una de las frases célebres del singularísimo Virgilio Piñera. Quisiera preguntar a nuestros lectores: ¿y quién no? Lo malo es cuando ese miedo nos paraliza y nos impone conductas que crispan nuestros más nobles principios. Jesús sintió miedo, pero incluso sabiendo que decir la verdad delante de Poncio Pilato podía costarle la vida, respondió con ella, y se dispuso a arrostrar los embates de la muerte, dejando un ejemplo incalifcable de valor y fe para todos los cristianos.

Julio Domínguez y Norberto Camacho, dos jóvenes de la Acción Católica de Remedios, en Villa Clara, pelearon por el triunfo de la Revolución. Mi abuelo era su amigo. Cuando la Revolución puso rumbo al socialismo, decidieron seguir la lucha, pero entonces con signo contrario al proceso triunfante.

Por esa época salió una ley bajo la cual todo alzado sería fusilado. Estos dos muchachos creían que su fe los convocaba a luchar contra una flosofía del poder que seguía los dogmas del ateísmo.La historia culmina con sus vidas en manos de un pelotón de fusilamiento. Algunos ofciales le comentaron a mi abuelo que Norberto era de verdad “guapo”, en el sentido más humano de la palabra; pues ayudó a subir al camión a otros presos, siempre mantuvo la cabeza en alto y varios corroboraron que murió sujetando una pequeña cruz que llevaba en el bolsillo; nunca perdió la fe.

Julio era diferente; no era un hombre tan decidido, pero su amistad con Norberto lo hacía seguirlo hasta la muerte. Alguien lo vio con los ojos aguados momentos antes del “¡Disparen!”; esa persona se le acercó y le dijo: “Muchacho, tienes mucho miedo a morir, ¿verdad?”. Él, con la voz temblorosa, respiró profundo y respondió: “¿Quién no? La verdad es que soy cristiano y la muerte la siento como un paso más para llegar a la vida eterna; estoy aquí por mis creencias y eso no me pesa; lo que me parte el corazón es imaginarme el rostro de mi madre cuando le digan que ha muerto su hijo.” Un general que los conocía desde que peleaban por alcanzar el triunfo revolucionario, después de sus muertes, comentó: “Es una pena haber tenido que matar a esos jóvenes, porque eran valientes.”

Después de 60 años, a lo mejor va siendo tiempo de que nos preguntemos con objetividad sobre la historia del laicado cubano.Hace un año, un obispo me expresó: “Julio, los obispos de aquella época tuvieron que desmembrar el fuerte movimiento laical que existía en Cuba antes de 1959, porque murieron muchos católicos comprometidos en esos primeros años de confrontación.” Mi propuesta no es ir a hurgar en heridas del pasado con el propósito de suscitar más dolor del que ya existe, sino aprovechar este aniversario cerrado para promover una comisión interdisciplinaria en pos de rescatar historias que puedan ayudar a mi generación a discernir, tras 60 años, el cuadro completo de
la verdad, con sus luces y sombras.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de diciembre: III de Adviento

 

Mt 11,2-11

“...¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”.

Lunes: 
Nm 24,2-7.15-17a / Sal 25 (24) / Mt 21,23-27

“...¿de dónde venía: de Dios o de los hombres?”.

Martes:  Gn 49,2.8-10 / Sal 72 (71) / Mt 1,1-17

“Antepasados de Jesús”.

Miércoles:  Jr 23,5-8 / Sal 72 (71) / Mt 1,18-24

“Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo...”

Jueves: Jc 13,2-7.24-25a / Sal 71 (70) / Lc 1,5-25

...¡Qué no ha hecho por mí el Señor!”.

Viernes:  Is 7,10-14 / Sal 24 (23) / Lc 1,26-38

“...hágase en mí tal como has dicho”.

Sábado:  Cant 2,8-14 / Sal 33 (32) / Lc 1,39-45

“¡Dichosa tú por haber creído...”.

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