Constitución-isla-nuestraCuando en el país comenzó a hablarse del Proyecto de Reforma Constitucional y de participación en los debates en torno a él, recordé esta hermosa poesía de Dulce M. Loynaz:
“Isla mía, ¡qué bella eres y qué dulce! (...) Hay en ti la ternura de las cosas pequeñas y el señorío de las grandes cosas. (…) Para el hombre hay en ti, isla clarísima, un regocijo de ser hombre, una razón, una íntima dignidad de serlo (...) Isla mía: tenme siempre, náceme siempre, deshoja una por una todas mis fugas.”

Reflexionar, participar -disentir o consentir-, tiene sentido para los cubanos por amor a Cuba, porque queremos gestar una Cuba mejor en la que participemos todos efectivamente.

Para nosotros, cristianos, tiene un añadido especial; es una llamada del evangelio: “A vino nuevo, odres nuevos”, ¿y no es un vino nuevo el de una realidad que cambia indiscutiblemente -para bien o para mal-  y que necesita ser contenida de una manera nueva, antes de que perdamos el vino y los odres?

También es invitación desde la Doctrina Social de la Iglesia. Esta nos habla del respeto al hombre, el ejercicio del diálogo, la lucha por la justicia, la experiencia de vida y de compromiso político del cristiano.

Es importante preguntarnos cómo se concilia participación, no discriminación, con la permanencia de un solo partido, en cuyas filas milita sólo parte de nuestro pueblo y que en la redacción del proyecto pareciera estar por encima de la Constitución misma.

Nos alegramos con el deseo de descentralización y autonomía que se expone como la razón de algunos cambios de la estructura de gobierno, pero la designación y no elección de los cargos de gobernador provincial e intendente riñe con dicha finalidad.

Estas son algunas de las cuestiones que requieren ser reflexionadas, además del polemizado artículo 68 sobre “la unión entre dos personas” que ha atraído la atención de muchos. Consideramos que para amparar legalmente esta realidad, no hay que homologarla a la antiquísima institución jurídica del matrimonio.

Se extrañan en el texto expresiones como “bien común”, “dignidad humana” y lo que significan desde nuestra antropología cristiana. Ante la difusa redacción preocupa la envergadura del proceso legislativo que se debe generar y cómo se regularán luego muchas de las cuestiones que a la Constitución solo corresponde enunciar. Ahí se juega lo esencial.

Es bueno insistir en el estudio y la participación ciudadana; esto genera un modo responsable de situarse frente a la realidad. Porque como dijera el Papa Francisco: “Preocupa mucho lograr armonías. Que no es simplemente lograr compromisos, arreglos o entendimientos parciales. Armonía es crear entendimientos entre diferencias. (…) Es necesario valorar las diferencias y dejar que se armonicen y no se fragmenten”.

Isla mía, isla nuestra, para ti nuestro deseo de bien y nuestra efectiva participación para hacerlo realidad. Para ti nuestra súplica confiada a María de la Caridad; ella nos conduzca a su Hijo Jesús, único capaz de hacernos partícipes de una humanidad nueva.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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