salirALucharWebCada día asoma como un duro reto. El reloj anuncia en la mañana que habrá que vivir la jornada con prisa. La condición de ser mujer, madre y profesional en cualquier país del mundo puede significar un desafío; solo que en Cuba a este desafío se le suman otras realidades que lo complejizan.

Vayamos por parte. Aquí o allá somos muchas las mujeres que, al decidir ser madres, nos debatimos entre dos situaciones a las que no queremos renunciar, pues ambas, sin dejar de lado los sueños, influyen en nuestra plena realización. Por una parte, queremos cuidar y disfrutar de nuestros hijos el mayor tiempo posible y, por otra,  proseguir con nuestras carreras. El cómo hacerlo, sin sumar más horas al día, es, sin dudas, un ejercicio extraordinario de heroísmo.

Sin obviar que la sociedad cubana exhibe leyes que protegen especialmente la maternidad, una vez que las mujeres se reincorporan a la vida laboral comienzan a sentir con mayor peso la difícil situación económica del país. El doble empleo de la mujer cubana, hogar-casa, hoy se multiplica y hasta se triplica con más ocupaciones, que si bien aumentan el dinero y el alimento en el hogar, compiten con el tiempo para jugar, conversar, pasear y compartir con los hijos.

A nuestros niños –así siempre los veremos tengan la edad que tengan– no se les pidió opinión para venir al mundo. Ya entre nosotros y como parte importante de la familia, debemos priorizar su educación y formación. Está comprobado que ellos no se ven afectados por el hecho de que sus madres trabajen, sino por la falta de atención. Y aunque la presencia de mamá les resulte fundamental, más importante es que sientan realmente esa compañía. Es decir, que debemos aprovechar al máximo las horas a su lado: no importa cuántas sean, sino cómo estas sean, esa es la máxima de muchas profesionales. Una amiga, con una carrera destacada, me contaba hace poco que tiene como costumbre llamar a sus hijos por teléfono para decirles que los ama y que, mientras trabaja, piensa mucho en ellos.

Lo importante para ser madre y profesional en la Cuba de hoy es mantener un equilibro entre esas dos facetas de la vida en que nos realizamos como mujer. Las estrategias van desde saber delegar funciones en el resto de la familia hasta distribuir sabiamente los horarios, sin dejar de apartar, por supuesto, un tiempo para uno mismo, pues eso nos permite relajarnos.

Lo que hacemos en nuestra profesión nos hace crecer, sentirnos orgullosas, realizadas, pero algo aún mejor, reconocidas por nuestra familia.

Siempre he creído que Dios, en su Palabra, otorgó gran protagonismo a la mujer, el que todavía hoy ni la propia Iglesia reconoce con justicia. No obstante, la obra de cada día asoma como esencia del carisma de quien, pasando por encima de prejuicios y dificultades, sale a la vida a luchar por ella.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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