mejorConversarWeb"Hijo mío, atiende la instrucción de tu padre y no abandones la enseñanza de tu madre, pues serán para ti un bello adorno: como un collar o una corona".
Proverbios 1: 8,9

¿Qué es un "regaño"? Comúnmente lo interpretamos como un llamado de atención desagradable y condenatorio; tan es así, que el diccionario lo define como "gesto o descomposición del rostro acompañado, por lo común, de palabras ásperas, con que se muestra enfado o disgusto". El caso es que, por desagradables que sean, resulta casi imposible imaginar la vida sin esos momentos de reprensión, sobre todo, de los padres hacia los hijos.

En el regaño de los padres —aunque los hijos no lo vean— está implícito el amor. Su conducta les preocupa, ya que se interesan por su éxito, seguridad y buen comportamiento; de ahí la impotencia que sienten tras muchos intentos fallidos de inculcarles disciplina. Así, en ocasiones, pierden el control y traspasan los límites de la prudencia y el respeto, porque ojo, los menores, no por ser tales dejan de merecer respeto.

Siempre digo que nadar fuera del agua es muy fácil y que para opinar sobre algo hay que ponerse en el lugar del otro, pero en esta cuestión hay dos "otros": el regañado y el regañador. Y voy a optar por el primero de los dos.

Empecemos por intentar cambiar el regaño por el diálogo. Lleva más tiempo y necesita de mayor paciencia; sin embargo, es más efectivo y, sobre todo, genera un espacio de confianza y dignidad para ambas partes.

Quien no actuó bien necesita comprender la crítica; de lo contrario, regresará una y otra vez al mismo error. Necesita también vislumbrar ese amor "oculto" en el regaño, que es más visible en una conversación serena y, por último, debe experimentar el arrepentimiento que le hará medir sus pasos futuros, todo ello sin sentirse la peor persona del mundo, predestinada al fracaso por sus fallos.

Me he centrado en la relación padres-hijos, pero todos nos equivocamos y debemos ser advertidos sobre lo que estamos haciendo mal. No es una falta de respeto que un menor señale el error de un adulto, siempre que lo haga dentro de las buenas costumbres que deben presidir toda relación humana. La autoridad no se pierde al reconocer un error; al contrario, colocarnos sobre nuestras faltas, crecer y mejorar, fortalece la imagen que proyectamos.

No hay recetas para cada caso. Sí hay dos ingredientes imprescindibles: el respeto y el amor. No importa edad, relación o parentesco, es preciso predicar con el ejemplo y evitar que, como un bumerán, la agresividad que colocamos en los demás nos sea devuelta más tarde o más temprano y se levanten muros de rencor entre personas que se aman. Del maltrato físico no hago comentarios, salvo que no aplica en ningún caso.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de noviembre: Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Lc 23,35-43

“...Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”.

Lunes: Dn 1,1-6.8-20 / Interl. Dn 3,52-56 / Lc 21,1-4

“...ha echado todo lo que tenía para vivir”

Martes:  Dn 2,31-45 / Interl. Dn 3,57-61 / Lc 21,5-11

“...Estén sobre aviso y no se dejen engañar...”.

Miércoles:  Dn 5,1-6.13-14.16-17.23-28 / Interl. Dn 3,62-67 /Lc 21, 12-19

“Manténganse frmes y se salvarán”.

Jueves:  Dn 6,12-28 / Interl. Dn 3,68-74 / Lc 21,20-28

“...verán al Hijo del Hombre venir en la nube...”.

Viernes:  Dn 7,2-14 / Interl. Dn 3,75-81 / Lc 21,29-33

“...mis palabras no pasarán”.

Sábado:  Rm 10,9-10 / Sal 19 (18) / Mt 4,18-22

“...dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

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