parejaEmbarazoLa vida surge en un instante, en un momento especial en el que todo converge para que brote, en la calidez del vientre materno, la simiente de una persona.

Ha ocurrido un hecho irrepetible, trascendente, enorme: un nuevo ser humano se hace presente en el mundo... y nadie se ha percatado aún. Nadie, ni siquiera la madre que lo abriga. Todo continúa aparentemente igual, salvo para quien, sin tener conciencia de sí mismo, vive sus primeros y silenciosos momentos que dan paso al vertiginoso desarrollo de su cuerpo y de su mente. No ha "nacido" pero está ahí, y por nueve meses disfrutará de la seguridad de un útero nutricio y protector. Su existencia callada, discreta, potente, comenzó.

¿Puede ser algo más importante en la vida que el comienzo de la vida misma? Y, sin embargo, nadie le consultó si deseaba emprender el fascinante camino que le espera, lleno de oportunidades y peligros, de alegrías y dolores que nunca faltarán. Simplemente pasó. Dios lo hizo posible y alguien más está entre nosotros.

No se puede pedir permiso para estrenar un cuerpo y un alma; nadie es consultado sobre si desea o no comenzar a existir, por eso los hijos son una decisión de sus padres. Pero tomar decisiones por otros siempre es arriesgado. Imaginemos entonces la fantasía de que alguien venga y nos pregunte si le otorgamos o no el don de la vida. De vernos en esa situación seguramente nos tomaríamos un buen tiempo para pensar antes de responder. No sería una petición cualquiera.

Con esta reflexión, las parejas en edad fértil podrían imaginar que sus futuros hijos le están preguntando: ¿me dejan o no existir?, ¿tengo o no tengo espacio en sus vidas?, ¿qué harán si de pronto aparezco dentro de mi madre? Si se logra captar toda la magnitud de este hecho, comprenderemos la responsabilidad que se tiene en las manos.

Siendo así, se estará en condiciones de tomar una decisión comprometida, asumida en toda su grandeza como algo definitivo y trascendente.
Formar una familia es algo sagrado. Esta es una invitación a la reflexión sobre su origen y crecimiento.

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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