parejaEmbarazoLa vida surge en un instante, en un momento especial en el que todo converge para que brote, en la calidez del vientre materno, la simiente de una persona.

Ha ocurrido un hecho irrepetible, trascendente, enorme: un nuevo ser humano se hace presente en el mundo... y nadie se ha percatado aún. Nadie, ni siquiera la madre que lo abriga. Todo continúa aparentemente igual, salvo para quien, sin tener conciencia de sí mismo, vive sus primeros y silenciosos momentos que dan paso al vertiginoso desarrollo de su cuerpo y de su mente. No ha "nacido" pero está ahí, y por nueve meses disfrutará de la seguridad de un útero nutricio y protector. Su existencia callada, discreta, potente, comenzó.

¿Puede ser algo más importante en la vida que el comienzo de la vida misma? Y, sin embargo, nadie le consultó si deseaba emprender el fascinante camino que le espera, lleno de oportunidades y peligros, de alegrías y dolores que nunca faltarán. Simplemente pasó. Dios lo hizo posible y alguien más está entre nosotros.

No se puede pedir permiso para estrenar un cuerpo y un alma; nadie es consultado sobre si desea o no comenzar a existir, por eso los hijos son una decisión de sus padres. Pero tomar decisiones por otros siempre es arriesgado. Imaginemos entonces la fantasía de que alguien venga y nos pregunte si le otorgamos o no el don de la vida. De vernos en esa situación seguramente nos tomaríamos un buen tiempo para pensar antes de responder. No sería una petición cualquiera.

Con esta reflexión, las parejas en edad fértil podrían imaginar que sus futuros hijos le están preguntando: ¿me dejan o no existir?, ¿tengo o no tengo espacio en sus vidas?, ¿qué harán si de pronto aparezco dentro de mi madre? Si se logra captar toda la magnitud de este hecho, comprenderemos la responsabilidad que se tiene en las manos.

Siendo así, se estará en condiciones de tomar una decisión comprometida, asumida en toda su grandeza como algo definitivo y trascendente.
Formar una familia es algo sagrado. Esta es una invitación a la reflexión sobre su origen y crecimiento.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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