nacimientoWebEn estos días experimentamos lo que ocurre cada año con la llegada de la Navidad: el ambiente se transforma y una especial sensación de fiesta y novedad flota en el ambiente. Los ánimos de casi todos se alegran, y otros, por la nostalgia de tiempos pasados, se entristecen, pero nadie queda indiferente. Es un tiempo donde se mezclan esperanza y añoranza, ocasión especialísima que toca el corazón de todas las personas.

Es época de planificar encuentros familiares y visitas a los amigos. Lo que no hicimos durante el año, este es quizás el momento en que nos animamos a emprenderlo, a embellecer nuestro entorno y poner un toque diferente al ambiente para celebrar la gran fiesta de todos los cristianos.

Pero un componente ajeno al sentido del pesebre de Belén y de la Epifanía ha echado raíces, la gran oportunidad que para el comercio representa la venta de adornos, de regalos y de comidas especiales para esos días. Y es que, a pesar de que el nacimiento del Señor es el mejor símbolo de humildad que puede existir en la Historia, el mercado ha logrado utilizarlo para agrandar sus ingresos.

Es una paradoja que no creo que pueda cambiarse. De hecho se reconoce como una de las épocas del año en que más dinero se gasta, por eso es importante que en medio de tanta tentación por el consumo, las familias revisen sus listas de compras y eviten celebrar una fiesta que es abundancia de fe y espiritualidad con un derroche material que nada tiene que ver con ella.

No hay que dejar de poner adornos y arbolitos, y regalar juguetes en recuerdo de la Epifanía. Pero hacerlo con la mirada puesta en cómo honrar un acontecimiento crucial para la Iglesia y la humanidad sin caer en la ostentación. La familia de Nazaret era muy pobre y no es que Dios quiera la pobreza para nosotros, pero sí quiere darnos la oportunidad para reflexionar en la riqueza de los corazones de aquellos que la integraron, y ver en Jesús, María y José el ejemplo por excelencia de confianza en Dios. Ese es el mayor regalo que nos trae la Navidad y es preciso reconocerlo sin perdernos en la materialidad de las vidrieras.

Celebremos estas fiestas con la profunda alegría del nacimiento del Niño Jesús. Recordemos los presentes que aquellos magos le llevaron para honrar su realeza, pero no olvidemos que el verdadero tesoro está en comprender el significado de estos días y empeñarnos en seguir el camino marcado por la Estrella de Belén.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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