AmorFamSabemos que el amor entre padres e hijos, entre nietos y abuelos, entre hermanos, es de una calidad especial, no un amor que se agote por decepciones o por sorpresas desagradables. Es un amor resistente, sin nada que ver con los dolores que nos causemos los unos a los otros. Podemos disgustarnos, sentirnos frustrados, alejarnos, pero no dejamos de amar.

Qué maravilla cuando en la familia todos son personas de bien, organizan su vida y logran una manera decorosa de subsistir y enfrentar el mundo por su cuenta, con responsabilidad y principios. Eso es un regalo, pero no siempre es así. Muchas son las razones que pueden hacer que alguien tome el camino equivocado y no sea precisamente lo que en su casa esperaban.

Es una situación triste y difícil, porque se sufre mucho por esa persona mal encaminada que a cada paso crea y encuentra dificultades. Es entonces cuando el amor se transforma en rígido timón para intentar reorientar el rumbo de esa vida y empieza la complicada mezcla de "un poco de cal y otro de arena", exigir por una parte y ceder por la otra, toda una obra de arte en materia de reeducación.

Lo que sí no hace el amor es abandonarlo a su suerte, dejarlo por incorregible y apartarlo como algo que está de más. Todo lo contrario: ahí el amor se crece y llega a ser incomprensible para muchos. ¿Cuántas madres no son más cercanas a los hijos descarriados que a aquellos de buena conducta? La parábola del hijo pródigo presenta esa realidad de modo magistral: el padre no celebra la buena conducta de un hijo porque es lo normal, sin embargo hace una fiesta cuando aquel que lo había abandonado retorna al seno familiar.

Cuando alguien cercano a nosotros anda en malos pasos, nuestro amor nos conduce a hacer todo lo posible por ayudarlo a retomar las riendas de una vida recta. Muchas veces la ayuda es rechazada y mal interpretada, y hasta vista como una intromisión en su vida. Es ahí donde está el mayor reto, en encontrar la magia que nos permita tocar su corazón y, junto a reflexiones, conversaciones, consejos y todo lo que se pueda utilizar en la búsqueda del bien, tenemos que dejarle ver con toda claridad, que por encima de todo, le queremos.

 

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de noviembre: Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Lc 23,35-43

“...Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”.

Lunes: Dn 1,1-6.8-20 / Interl. Dn 3,52-56 / Lc 21,1-4

“...ha echado todo lo que tenía para vivir”

Martes:  Dn 2,31-45 / Interl. Dn 3,57-61 / Lc 21,5-11

“...Estén sobre aviso y no se dejen engañar...”.

Miércoles:  Dn 5,1-6.13-14.16-17.23-28 / Interl. Dn 3,62-67 /Lc 21, 12-19

“Manténganse frmes y se salvarán”.

Jueves:  Dn 6,12-28 / Interl. Dn 3,68-74 / Lc 21,20-28

“...verán al Hijo del Hombre venir en la nube...”.

Viernes:  Dn 7,2-14 / Interl. Dn 3,75-81 / Lc 21,29-33

“...mis palabras no pasarán”.

Sábado:  Rm 10,9-10 / Sal 19 (18) / Mt 4,18-22

“...dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

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