Familia con ancianos y nietos¿Cuántas generaciones conviven dentro de un hogar? Por lo menos dos: los hijos y los padres, pero muchas veces (o casi siempre) tres, con la presencia de los abuelos…y pasan los años, y cuando venimos a ver, los hijos ya no son niños, los padres han madurado y los abuelos han envejecido bastante. ¿Qué pasa entonces con tantos intereses distintos bajo un mismo techo?

Si el respeto y el sentido común están presentes, todos se benefciarán de ese rico intercambio de experiencias, sueños y normas, en el que cada cual pone un poco de lo suyo para armar un collage armonioso de posturas y emociones; las diferencias existen y los conflictos surgen, pero se manejan con tolerancia y consideración.

El problema está cuando el joven ignora la autoridad de sus padres, cuando estos intentan hacer de sus hijos un producto justo a sus deseos, y los ancianos olvidan su juventud cuando encontraban obsoletas las costumbres de quienes entonces eran los más viejos de la casa.

Existe un primer gran paso:
ponerse en los pies del otro. Hay que probarse todos los zapatos intergeneracionales, para que cada cual entienda por qué la madre se desvela porque el hijo no estudia lo sufciente, la abuela se inquieta por los dos novios consecutivos de la nieta y el joven siente que está en territorio enemigo donde mucho de lo que dice o hace es motivo de reproches. Si cada uno de ellos intenta entender las razones de los otros, la cosa cambia radicalmente y se abre camino a la comprensión.

He oído por ahí expresiones como esta: “¡no soy tu amigo, soy tu padre, no creas que soy como esos que andan contigo todo el día!”. Las condiciones de madre, padre, hijos y abuelos no son antagónicas con la de “amigo”. Un joven de 15 años puede tener un amigo de 80, no hay ningún impedimento para ello, salvo que los prejuicios se interpongan.

Un segundo gran paso es
hablar el idioma del otro, no un idioma de vulgaridades que nada tienen que ver con la modernidad, sino un idioma acorde a las reglas de la nueva generación, las nuevas maneras de relacionarse y las miradas desde otros ángulos que conducen a interpretaciones distintas de la realidad.

Por último, hay un tercer gran paso que es mágico:
la retrospectiva. Los adultos, dueños de una experiencia que no está disponible aun para los menores, tienen la capacidad de recordar sus años mozos, sus rebeldías y cuestionamientos; no para ahora tolerar lo intolerable en los jóvenes, pero sí para entender por qué actúan de cierta manera, qué es lo mejor para que puedan saber lo que deben hacer y cuáles son los agentes externos que los impulsan a determinadas actitudes.

No hay dudas de que convivir con diversas generaciones es una experiencia compleja, pero lograr la armonía entre tantas personas diferentes, es, sobre todo, una victoria del amor y de la sabiduría.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de noviembre: Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Lc 23,35-43

“...Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”.

Lunes: Dn 1,1-6.8-20 / Interl. Dn 3,52-56 / Lc 21,1-4

“...ha echado todo lo que tenía para vivir”

Martes:  Dn 2,31-45 / Interl. Dn 3,57-61 / Lc 21,5-11

“...Estén sobre aviso y no se dejen engañar...”.

Miércoles:  Dn 5,1-6.13-14.16-17.23-28 / Interl. Dn 3,62-67 /Lc 21, 12-19

“Manténganse frmes y se salvarán”.

Jueves:  Dn 6,12-28 / Interl. Dn 3,68-74 / Lc 21,20-28

“...verán al Hijo del Hombre venir en la nube...”.

Viernes:  Dn 7,2-14 / Interl. Dn 3,75-81 / Lc 21,29-33

“...mis palabras no pasarán”.

Sábado:  Rm 10,9-10 / Sal 19 (18) / Mt 4,18-22

“...dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

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