Nelson-y-familiaWebHace más de 25 años mi esposa y yo contrajimos feliz matrimonio tanto por lo civil como ante Dios. Era el Período Especial. Muy activos en la misión, servíamos al Señor como catequistas y animadores del Grupo de Oración.

El Señor nos bendijo con nuestra primera hija que, como la segunda, fue deseada y esperada con ilusión. Nos la regaló de alguna manera “especial”, pues nació con una dificultad visual que persiste hasta hoy, y en su momento nos hizo pensar en que llegaría a ser ciega total. Constantes visitas a médicos, cirugías y hasta rebeldía en la oración marcaron esos primeros tiempos. No estábamos preparados para eso. Poco a poco Jesús nos fue dando su Paz y, desde la pareja, con la cercanía de los hermanos de fe y la familia, nos adentramos en el mundo del acompañamiento a nuestra hija.

Ese ha sido nuestro gran desafío. La oración constante por ella no ha faltado un solo día. Con una visión muy limitada y tratamientos bien rigurosos, tenía los requisitos indispensables para permanecer en casa, hacer muy poco por los demás y tener manos abiertas para recibir todo lo que la misericordia de Dios pudiera proveerle.

Pero no fue así. Insistió en ir sola a la escuela a través de un camino con cierto peligro y de aproximadamente 1 km. Siempre le dimos la confianza necesaria y, aunque con el dolor de verla partir, permitíamos que en los veranos pasara días alejada de nosotros, algunas veces con parte de la familia y otras con amigos de la parroquia.

Aún siendo adolescente, un sacerdote amigo la invitó a ser catequista. Luego participó en los campamentos de Pastoral Juvenil, las Escuelas de Verano y hasta en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. A la par realizaba sus estudios de rigor hasta llegar a la universidad, donde se graduó con Título de Oro. En todos los escenarios asumió liderazgo entre sus compañeros.
Recuerdo un matrimonio amigo que nos decía: “Si fuera hija mía creo que se hubiera convertido en alguien muy dependiente. No sé cómo lo pueden hacer”. Nosotros sí sabemos. Se trata de hacer descubrir en el otro, ya sea hijo, hermano, amigo, las potencialidades que tiene; de acompañarlo en el camino, no hacer el camino por él.

La llevábamos a la Iglesia desde el primer domingo que estuvo en casa, conscientes de que en un momento tendría que hacer su propia elección. Y lo hizo. Hoy, fiel seguidora de Jesús, sentimos una emoción muy grande por lo que ha sido capaz de lograr; por el camino que ha hecho en su andar, en el que nosotros, sus padres, nunca hemos dejado de estar.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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