amadorheviaWebQuisiera poder expresar todo el significado que tiene para la comunidad católica cubana esta aparentemente sencilla hoja dominical que ya cumple su 56 aniversario y guarda miles de historias de quienes han tenido que ver con ella, pero es una pretensión imposible. Muchas son las manos que le han dado vida y aliento, que han puesto ingenio y pasión para que subsista, y resulta imposible recoger cada detalle de esta obra discreta y tremenda que se cuela por calles, caminos, senderos, para alcanzar remotísimos parajes de nuestra geografía.

Es imposible hacer la lista de sus colaboradores, sería extensa e incompleta; pero siempre existe un símbolo que recoja todo ese cariño incondicional de tanta gente, siempre hay alguien que los representa a todos. En nuestro caso, esa persona es Amador Hevia, editor, redactor, diseñador, fotógrafo, y hacedor de todo lo que fuera necesario en esta querida publicación.

No voy a idealizar a Amador ni a colocarlo en un sitio donde no podamos tocar su recuerdo como lo que fue: un hombre chévere, familiar, buena gente, talentoso, con una fidelidad absoluta a la Iglesia y a la Compañía de Jesús, de una probada vocación de servicio y con resabios que sabía domar con humildad para dar paso a la concordia y el entendimiento.

Siempre mostró un profundo sentido de la amistad y del amor a su familia, gentil, fácil de amar, un caballero, con un fino sentido de humor criollo que manaba de su pura cubanía. Todos sus escritos eran buenos, pero “Cosas de mi barrio” fue su espacio estelar por la manera en que supo interpretar lo más auténtico de nuestra gente.

Amador no se detenía, no hacía pausas, todo en él era una laboriosidad que convertía en textos, imágenes, videos…, para capturar cada momento como comunicador nato e incansable. Sabía la importancia de registrar cada evento, de la documentación de los hechos, de la memoria que debe dejarse para que las historias no mueran con uno y puedan ser útiles en el futuro.

Hoy me dirijo a él con el cariño de tantos momentos compartidos: ¿Qué te digo, amigo? Muchas veces te escuché decir que nadie era imprescindible, que todo sigue su curso, y es verdad, nuestra hojita pasa de mano en mano amparada siempre por Dios, que la dota de gente especialísima que la cuida y la hace crecer, que pone en ella las palabras exactas para llevar el mensaje del Reino a cada uno de los que la leen; pero su equipo de trabajo lo presides tú, con toda tu modestia, con toda tu grandeza y con toda esa sabia manera de sortear tempestades para mantener la barca a flote.

Nada, hermano, te damos las gracias. Puedo verte ladeando la cabeza con una sonrisa discreta y diciendo: “qué pasa, caballeros, no es nada”. Aquí sabemos que gozas de la paz del cielo, pero no te distraigas y te atrevas a dejar de inspirarnos; de eso nunca vas a descansar, esa es y será tu eterna misión y con ella contamos.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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