personasAltruistasWeb“No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad”, nos dice el Papa Francisco en su última “Exhortación sobre el llamado a la santidad en el mundo actual.” Su propósito es despertar el anhelo de santidad y argumentar cómo es posible encarnarlo en el contexto actual. “El Señor nos quiere santos, y espera que no nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada”. Al citar al Concilio Vaticano II recuerda que este llamado es para “todos los fieles, de cualquier condición y estado” y “cada uno por su camino”.

No hace falta poner los ojos en blanco ni dejar nuestras ocupaciones diarias para pasar largos ratos de oración, sino que “nos santificamos en el ejercicio generoso y responsable de la propia misión”.

El Papa señala dos tendencias actuales relacionadas con herejías antiquísimas como el gnosticismo y el pelagianismo, que, disfrazadas de bien y ortodoxia, pueden “encorsetar” el Evangelio: cristianos que se sienten superiores por sus modos absolutos de entender la doctrina y la práctica de la vida cristiana.

Es a la luz de Jesús Maestro que aprendemos cómo ser santos. El tercero de los cinco capítulos es un enjundioso comentario de las bienaventuranzas, “el carné de identidad del cristiano”. Asimismo, el Papa insiste en el criterio para medir la autenticidad de nuestra vida cristiana: la práctica de la misericordia. “La misericordia es más grande que el culto”, es “el corazón palpitante del Evangelio”. “Dios está misteriosamente en la vida de toda persona. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre… Dios está en su vida”. “¿Acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?”  

No basta, señala, la ayuda individual: hay que desgastarse por el bien social. “Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con Él, ese reino de amor, justicia y paz para todos”. “No te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño”.

Francisco escoge cinco notas de santidad importantes en la cultura de hoy: aguante, paciencia y mansedumbre; alegría y sentido del humor; audacia evangelizadora; la comunidad - porque nadie se salva solo- y la oración constante, apertura habitual a la Trascendencia.

Nos recuerda, además, la necesidad de la vigilancia y del hábito del discernimiento, eje en el que convergen la fe y la libertad, bases de toda espiritualidad. Implica obediencia al Evangelio y también al Magisterio que lo custodia; así como salir de nosotros mismos hacia el misterio de Dios que nos habla en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, en la oración detenida, en todo momento.  

Después de evocar que María, santa entre los santos, es la Madre que nos acompaña, el Papa concluye con una súplica que hacemos nuestra: “Que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento.”

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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