aporteReligiosasWeb“Y creó Dios al hombre a su imagen;
a imagen de Dios lo creó; varón y mujer lo creó…”

Estas líneas quieren ser un canto de gratitud a Dios, que recrea y anima cada día a la humanidad y a su Iglesia. Gratitud, por su manera de suscitar los carismas dentro de la Iglesia y por la posibilidad de complementarnos, desde nuestro ser de hombre o mujer, en la forma concreta de vivir y expresar un servicio a la humanidad, a la Iglesia, al Reino.

Concretamente, quisiera agradecer trayéndoles a la memoria ese rostro discreto y femenino del Reino de tantas consagradas que han servido y sirven en esta, nuestra Iglesia, que peregrina en Cuba.

En estos días leía: “Ella (la mujer) es distinta (…) Siempre habrá en la manera femenina de servir a Dios mayor delicadeza, hecha del respeto que la mujer aporta instintivamente a los valores personales e íntimos. La mujer penetra el mundo no con su cerebro solo, sino con todo su ser. Es evidente que su corazón, que es el de una madre, da a la mujer una lógica y una eficacia originales (…) Le hace ver en el universo no objetos de estudio abstracto, sino seres vivos. No teoriza sobre el enfermo, lo cuida.” (La mujer y la Vida Consagrada, J. Laplace S.J.)

 “La mujer penetra en el mundo con todo su ser…” Al mirar nuestra realidad eclesial, veremos muchos rostros femeninos de consagradas con rasgos diferentes, venidos de disímiles latitudes; también otros, ya menos tersos, en cuyos ojos podemos mirar la historia, encontrar a Jesucristo y beber Amor.

Dentro de la sociedad y en el ámbito eclesial, la vida consagrada es una corriente que va por debajo, que empuja, que llama, que sostiene. Son mujeres sin brillo y sin ruido, que sirven desde dentro. Animan pequeñas comunidades, dan catequesis, visitan familias, piensan la pastoral, cocinan, educan. Son para este pueblo maternal espera, acompañamiento discreto y alegría profunda, porque llevan a Jesús de Nazaret y la pasión por el Reino en el corazón y en los brazos.

Gracias, Señor, porque quisiste confiar tu Hijo a una sencilla mujer de Nazaret. Gracias, porque sigues confiando en la pequeña semilla de consagradas que –junto a los pastores y laicos– acompañan el caminar de tu Iglesia. Con esto basta: amar y servir en lo pequeño, llevar a Jesús al corazón de este pueblo y descubrir la novedad de tu Evangelio en medio de él.

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

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