madreCuidaHijoWebPascua de Resurrección: la vida vence a la muerte. El Resucitado no se hace presente en lo extraordinario, sino, como dijera a la hta. Magdalena, nuestra fundadora, en lo “extraordinariamente sencillo”. A las mujeres a las que se apareció primero les mandó: “Digan a mis hermanos que vayan a Galilea, ¡allí me verán!”.

Galilea, lugar de la vida ordinaria, la vida de cada día; en ella camina el Señor. Les voy a contar algo que habla mucho a mi corazón por la ternura y la gracia que manifiesta. Hay en mi barrio una viejita de más de 90 años, que cuida de su hijo enfermo; y hay que ver qué amor, qué ternura existe entre los dos. El hijo tiene momentos mejores y otros peores. Un día en que se sentía bastante bien, se atrevió a bajarse para cerrar una llave de paso. La mamá le decía que tuviera cuidado de no caerse -por su situación de salud se cae a menudo-, que la ponía nerviosa verlo bajarse. Él, a su vez, le decía a ella que lo ponía nervioso con su preocupación, que quería colaborar en lo que pudiera y estaba orgulloso por haber logrado cerrar la llave.  

Días después, le pregunté a la mamá cómo estaba el hijo, me dijo que se había caído, pero que gracias a Dios no se había hecho nada, porque había caído sobre ella. Me enseñaba los morados y me decía: “Él me dice: -mamá, no te acerques, que no quiero caerte arriba-” y los ojos le brillaban y se reía, al sentirse tan amada.

Me hace mucho bien encontrar a los dos; siento que la Resurrección del Señor actúa transformando su situación de debilidad extrema en vida digna y llena de amor. Con ellos, doy gracias por todo el bien que saben encontrar en los acontecimientos diarios.

En la esquina de mi cuadra, una familia vive en una casa muy chiquita, con un cuartito que es cocina, sala y cuarto de dormir. El padre está enfermo de Parkinson y vende algunas frutas cuando tiene; la madre trabaja para criar a los dos hijos, ya adolescentes, que van a la escuela. Son una familia bonita y muy unida. Cuando llega la tarde, y la hora en que los hijos tienen que llegar, el papá se para en la puerta a esperarlos. Me conmueve siempre su mirada que escruta lejos, mirada que cubre de bendiciones, que transmite vida y alegría, paso del Resucitado.

Estaba amaneciendo. Iba por la calle e hice camino con una mujer. Las dos nos fijamos en la luz del día naciente, delicada y llena de promesas por la jornada que empezaba. Me contó de su hijo, de lo que hacía por él, de cómo él le correspondía con su búsqueda de trabajo, su buena voluntad. El sol iba asomándose. Pudimos dar gracias por la belleza gratuita de estos instantes: ¡sabor a Resurrección!

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de julio: XVI del Tiempo Ordinario

 

Lc 10,38-42

“...se sentó a los pies del Señor y se quedó escuchando su palabra”.

Lunes: Ct 3,1-4 / Sal 63 (62,2-6.8-9) / Jn 20,1.11-18

“...He visto al Señor...”.

Martes:  Ex 14,21 al 15,1 / Interl. Ex 15,8-17 / Mt 12,46-50

“...ese es para mí un hermano, una hermana....”.

Miércoles:  Ex 16,1-5.9-15 / Sal 78 (77) / Mt 13,1-9

“El que tenga oídos, que escuche”

Jueves:  Hch 4,33;5,12.27-33;12,2 / Sal 67 (66) /2 Co 4,7-15 / Mt 20,20-28

“...no vino a ser servido, sino a servir...”.

Viernes: Ex 20,1-17 / Sal 19 (18) / Mt 13,18-23

“...ciertamente dará fruto y producirá cien...”.

Sábado: Ex 24,3-8 / Sal 50 (49) / Mt 13,24-30

“...cosechen el trigo y guárdenlo en mis bodegas”.

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