PrepararnosSemSantaWebEl tiempo de Cuaresma tiene un sentido penitencial para prepararnos a la Pascua. En esta última semana, este carácter de conversión se acentúa para que iniciemos la Semana Santa y vivamos intensamente la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Dios hizo alianza de amor con su pueblo Israel, y Jesús sella con nosotros en la Iglesia un nuevo pacto de salvación. Recorrer la cuaresma es tomar conciencia de nuestro proceso de conversión y de iniciación cristiana. Se nos invita a vivir nuestro bautismo con sus exigencias de fe, a responder al compromiso de servicio adquirido en nuestra confirmación y a expresar la unidad y el amor que supone participar en la eucaristía.

Los evangelios dominicales de esta cuaresma van señalando un camino catequético de iluminación en la fe y de conversión. Se nos invita a recibir los dones de la fe y el agua viva (conversión de la Samaritana), a iluminar con la luz del Espíritu (curación del ciego de nacimiento) y a acoger la vida de gracia después de morir al pecado (resurrección de Lázaro).

El recorrido catequético y penitencial se acentúa en esta última semana. La celebración penitencial expresa sacramentalmente nuestra conversión. Con obras de caridad, limosnas y ayuno manifestamos nuestro anhelo de seguir al Señor por el sendero de la cruz y transformarnos en discípulos suyos.

Tras presentar su contexto mesiánico abierto a todos, Jesús señala que está llegando a la meta y a “la hora” en que será levantado en cruz. La parábola del grano de trigo que muere en tierra para dar fruto es una imagen que invita a la conversión. Jesús alude a su muerte en cruz y a su resurrección que producen vida eterna. El servicio de Jesús supone seguirle; quien cree en Él se compromete a seguirle hasta la muerte: sólo así participará de su glorificación. “Quienes quieran ser mis discípulos que carguen con su cruz cada día y me sigan”.

Jesús habla de “su hora” como el momento de la pasión y del juicio sobre las tinieblas de este mundo. Quien lo acepte desde la fe y la conversión será hijo de la luz y no temerá a las tinieblas de Satanás. En la cruz de Cristo, Dios ha pronunciado su veredicto sobre el pecado y la muerte. El juicio divino es un juicio de gracia y de misericordia. Los tiempos del odio y del temor han pasado para dejar espacio a la gracia y al amor.

El Salvador, elevado en cruz y exaltado hasta la gloria, es nuestro juez propicio. Basta creer y permanecer fieles en su servicio y ser constantes en seguir sus huellas. Al culminar la cuaresma abrimos nuestro corazón para recibir el amor que se difunde desde la cruz.

¿Elegimos la luz que procede de su exaltación o caminamos en tinieblas?
¿Optamos por la cruz y su gloriosa victoria, o preferimos los vanos mesianismos que prometen cosas que no se cumplirán?

Ora con la Palabra

 

Domingo 21 de abril: Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-23 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  1 P 5,5b-14 / Sal 89 (88) / Mc 16,15-20

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“...se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado : Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...no le creyeron”.

Otras noticias

 

Suscripción al boletín