carmelitasWebEn Cuba estamos presentes dos comunidades femeninas de vida contemplativa: las monjas Dominicas, fundadas en abril de 1688, y la Orden de las Carmelitas Descalzas, fundadas en enero de 1702. Ambos monasterios siguen presentes en la Habana. Y ambas comunidades, cada una desde su propio carisma, se ofrecen en unidad por todas las necesidades de la Iglesia en Cuba, por nuestro pueblo y el mundo.

El Concilio Vaticano II, en el decreto Perfectae Caritatis, dice lo siguiente: "En los institutos puramente contemplativos, sus miembros dedican todo su tiempo únicamente a Dios en la soledad y el silencio, en la oración constante y en la penitencia practicada con alegría." (PC 7).

Dentro de la Iglesia nos identificamos por nuestra vida de oración a través del silencio y la soledad que propiciamos durante toda nuestra jornada, ya sea en el trabajo, el estudio, el rezo de la Liturgia de las Horas, la eucaristía diaria, y compartiendo con alegría y sencillez momentos de intercambio común en los cuales conversamos, cantamos o practicamos algún deporte. También participamos en la mesa común, donde tomamos con agradecimiento el alimento que el Señor nos proporciona.

Nuestra vida en oración es una búsqueda de Dios para unirnos a hombres y mujeres, abrir nuestro corazón a compartir con todos sus necesidades, trabajos, dolores, sufrimientos, gozos y esperanzas. A donde no puede llegar un apóstol, llega la oración de una monja contemplativa.

Nuestras comunidades realizan trabajos para su subsistencia. Las Hermanas Dominicas confeccionan ornamentos litúrgicos, bordados, etc. Y las Carmelitas Descalzas elaboramos las hostias que se consagran en la eucaristía, para transformarse en el Cuerpo del Señor.

Para nosotras la vida transcurre dentro de la clausura que la Iglesia, en su sabiduría, ha considerado el medio idóneo para vivir este trato de amistad y contemplación amorosa que nos abre el corazón, para amar sin límites a todos, a semejanza de Cristo que vivió pobre, casto y obediente.

Tenemos siempre presente las palabras de San Pablo, que nos dice: "Los miembros no tienen la misma función..." (Rom. 12,4). Nosotras sabemos que tenemos un lugar en la Iglesia, pero nuestro estilo de vida es desconocido para muchos. Lo que hacemos no es visible ni palpable: no producimos "cosas", sino que nos identificamos, a semejanza de Santa Teresita del Niño Jesús, con el corazón que no se ve, pero —como este órgano vital— irradiamos con nuestra oración la sangre que nutre el Cuerpo Místico de Cristo.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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