juanBautistaWebA nadie admiró Jesús tanto como a Juan el Bautista. Para Jesús es «más que un profeta»: «el mayor entre los nacidos de mujer». ¿Qué encontró Jesús en Juan y en su mensaje?
Entre el otoño del año 27 y la primavera del 28 surge en Palestina un profeta original e independiente. Su nombre es Juan, pero la gente lo llama el «Bautizador».
Juan era de familia sacerdotal rural. Su rudo lenguaje y las imágenes que emplea reflejan el ambiente campesino de una aldea. En algún momento, rompe con el templo y con todo el sistema de ritos de purificación vinculados a él y abandona el camino al quehacer sacerdotal. Se comporta como un hombre arrebatado por el Espíritu. No se apoya en ningún maestro. No cita explícitamente las Escrituras. No invoca autoridad alguna para legitimar su actuación.
Según el Bautista, el mal lo corrompe todo. El pueblo necesita una purificación total para restablecer la Alianza. El «bautismo» que ofrece Juan es el nuevo rito de conversión y perdón radical que necesita Israel:
Juan invita a marchar al desierto para vivir la conversión. Dando ejemplo, es el primero en hacerlo. Deja su aldea y se dirige hacia una región deshabitada de la cuenca oriental del Jordán.
El «desierto» escogido se encuentra frente a Jericó, donde, según la tradición, el pueblo conducido por Josué había cruzado el Jordán para entrar en la tierra prometida. Juan vive allí como «hombre del desierto». Lleva como vestido un manto de pelo de camello con un cinturón de cuero y se alimenta de saltamontes y miel. Si vive y se alimenta así, no es por el deseo de una vida penitente. Apunta, más bien, al estilo de vida de un hombre que habita en el desierto y se alimenta de los productos espontáneos de una tierra no cultivada. Juan quiere recordar al pueblo la vida de Israel en el desierto.
Condensado de la obra "Jesús, aproximación histórica", de José Antonio Pagola, cap. 3.

Ora con la Palabra

 

Domingo 31 de mayo: Solemnidad de Pentecostés

 

Jn 20,19-23

“...sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo...”.

Lunes: Santa María, Madre la Iglesia
 
Hch 1,12-14 / Interl. Jdt 13,18bcde.19 / Jn 19,25-27

“..ánimo, yo he vencido al mundo”.

Martes:  2 P 3,12-15a. 17-18 / Sal 90 (89) / Mc 12,13-17

“...a Dios, lo que corresponde a Dios”.

Miércoles:  2 Tim 1,1-3.6-12 / Sal 123 (122) / Mc 12,18-27

“...no es un Dios de muertos, sino de vivos”.

Jueves: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote 
Gn 14,18-20 / Sal 110 (109,1.2.3.4) /1 Co 11,23-26 / Lc 9,11b-17

“Todos comieron hasta saciarse”.

Viernes:  2 Tim 3,10-17 / Sal 119 (118) / Mc 12,35-37

“Mucha gente acudía a Jesús...”.

Sábado:  2 Tm 4,1-8 / Sal 71 (70) / Mc 12,38-44

“...no tenía más, y dio todos sus recursos”.

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