San-Martin-de-PorresSan Martín de Porres fue un adelantado a la época en que le tocó vivir. Es considerado como un promotor de las obras de justicia social en un momento en que el acento se ponía fundamentalmente en lo que se tenía y se alcanzaba, sin cuestionar mucho la manera de lograrlo. Hijo de un soldado de origen español, que no lo reconoció legalmente, y de una madre que había sido esclava, nunca fue bien visto por su procedencia social y racial. Durante su infancia tuvo que convivir con la pobreza impuesta por su situación familiar y, siendo todavía un niño, se preparó para el ofcio de barbero, que incluía en aquella época nociones de médico, cirujano y farmacéutico.

Los desprecios sufridos por la pobreza en que vivió durante su niñez y el resto de su vida pudieron haberlo marcado de manera negativa haciéndolo una persona egoísta, resentida e incapaz de darse a los demás; sin embargo, sucedió el milagro, es decir, todo lo contrario. Siendo muy joven ingresó al monasterio dominico de Nuestra Señora del Rosario en Lima, Perú, no como sacerdote ni hermano, sino como sirviente laico. Su entrega a Dios fue absoluta, a tal punto que nueve años más tarde, los propios superiores le piden insistentemente que hiciera su profesión de votos religiosos.

Su vida en el monasterio de Nuestra Señora del Rosario le permitió asumir la pobreza evangélica como un regalo de Dios y crecer espiritualmente al realizar los trabajos más humildes, entregar su tiempo y energía al servicio de los más necesitados (sobre todo los enfermos) y utilizar incluso su cama para atenderlos. Encargado de distribuir las limosnas de su comunidad religiosa, hacía esta encomienda de manera admirable, demostrando su solidaridad con los más pobres, así como la necesidad de justicia social que reclamaba aquella sociedad y que, de alguna manera, él mitigaba con su trabajo. Con el tiempo aumentó su fama, el número de milagros que realizaba y su santidad, demostrada en la entrega y servicio a los más necesitados.

La historia de este santo latinoamericano, nacido en Perú el 9 de diciembre de 1579 y fallecido el 3 de noviembre de 1639, nos hace reflexionar sobre la humildad y sobre cómo se puede ser capaz de vivir una pobreza impuesta por las circunstancias externas encontrando en ella un motivo para superarse. También nos ilumina a la hora de asumir la pobreza evangélica como forma de denunciar las injusticias sociales haciendo el bien, generando vida al cuidar con esmero a los enfermos del entorno en que vivió.

En la actualidad, hay personas que suelen decir que “la Iglesia tiene dinero”, que es rica, etc.; sin percibir que lo que hace la Iglesia como institución es gestionar y canalizar los recursos que recibe, como las donaciones; exactamente lo mismo que hacía San Martín de Porres: distribuir el dinero que pedía en beneficio de personas necesitadas y viviendo personalmente él en una absoluta pobreza.

Ora con la Palabra

 

Domingo 10 de noviembre: XXXII del Tiempo Ordinario

 

Lc 20,27-38

“Él no es Dios de muertos, sino de vivos, y todos viven por Él”.

Lunes: Sb 1,1-7 / Sal 139 (138) / Lc 17,1-6

“...si se arrepiente, perdónalo”.

Martes:  Sb 2,23 al 3,9 / Sal 34 (33) / Lc 17,7-10

“...Somos servidores no necesarios...”.

Miércoles:  Sb 6,1-12 / Sa 82 (81) / Lc 17,11-19

“...Levántate y vete; tu fe te ha salvado”.

Jueves:  Sb 7,22 al 8,1 / Sal 119 (118) / Lc 17,20-25

“...antes tiene que sufrir mucho y ser rechazado...”.

Viernes:  Sb 13,1-9 / Sal 19 (18) / Lc 17,26-37

“El que intente guardar su vida la perderá...”.

Sábado:  Sb 18,14-16; 19,6-9 / Sal 105 (104) / Lc 18,1-8

“...les hará justicia, y lo hará pronto”.

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