Día-Mundial-de-la-CVXUno de mis hijos, cuando era pequeño, se echó a correr loma abajo sin poder parar. El camino terminaba en una carretera muy transitada y yo no podía alcanzarlo. De pronto, un aromal lo detuvo. Salió maltrecho, pero a salvo. Nos abrazamos..., pudimos continuar. A veces es importante parar.

Como tantos, hubo alguien que vivía buscando sin encontrar, gastando sin reponer... hasta que algo lo hizo detener. Ese hombre, conocido hoy como San Ignacio de Loyola, encontró a Alguien, halló lo que todos buscamos, y nos regaló un camino para llegar a Él.

Desde entonces sus herramientas han cambiado la vida de muchos y lo siguen haciendo. La espiritualidad ignaciana nos propone un estilo de vida que propicia el encuentro con Jesús: ser contemplativos en la acción permite ir reorientando la vida hacia la voluntad de Dios, como eficientes colaboradores en la construcción del Reino. El discernimiento es palabra clave; las diferentes modalidades de Ejercicios Espirituales; la  oración diaria; la pausa ignaciana, es decir, constatar cuándo se ha estado en resonancia con el Señor (consolación) y cuándo no (desolación) para, en el agradecimiento por tanto bien recibido y el arrepentimiento por la falta de correspondencia, saberse enviado a “en todo amar y servir.”

Esta espiritualidad ha fecundado la vida de diferentes órdenes religiosas y movimientos laicales, algunos presentes en Cuba, como la Compañía de Jesús, las Comunidades de Vida Cristiana (CVX), la Congregación de Jesús, entre otros compañeros de camino. La CVX es un movimiento laical, que como cuerpo apostólico, peregrina en todo el mundo, donde se disfruta en comunidad local la escucha de Dios que nos habla a través del hermano, del amigo en el Señor, quien vibra con uno, nos anima y reprende con amor. Allí llevamos el fruto de la oración personal, de la pausa diaria, del discernimiento individual, y juntos en oración descubrimos qué quiere Dios en nuestras vidas (discernimiento comunitario), enviados cada uno según su vocación y acompañándonos mutuamente.

Seguir a Jesucristo se parece a un árbol. No basta con que la semilla haya germinado; necesita irremediablemente la luz del sol, los minerales, el agua que absorben sus raíces y el aire que lo rodea; de vez en vez precisa la lluvia. Además debe ser suficientemente fuerte para vencer la competencia de otras plantas y la invasión de otros organismos sin dejar de recibir y dar al medio en el que vive.

Asimismo, seguir a Cristo es vocación que día a día necesita ser revisada, renovada, fortalecida, impulsada, compartida, acompañada. La comunidad, que  formamos los laicos que hemos descubierto en la espiritualidad ignaciana un regalo para vivir nuestra fe, es espacio para ello. Esta experiencia nos impulsa a salir al mundo del día a día, llamados a transformar sus estructuras de opresión con la mirada en el Reino, al ser parte de un gran cuerpo construido desde lo poco, lo pequeño, lo posible y lo progresivo.

Ora con la Palabra

 

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

 

Jn 20,1-9

“...iÉl ‘debía’ resucitar de entre los muertos!”.

Lunes:  Hch 2,14.22-33 / Sal 16 (15) / Mt 28,8-15

“...No tengan miedo”.

Martes:  Hch 2,36-41 / Sal 33 (32) / Jn 20,11-18

“...He visto al Señor y me ha dicho esto”.

Miércoles:  Hch 3,1-10 / Sal 105 (104) / Lc 24,13-35

“...Es verdad: el Señor ha resucitado...”.

Jueves:  Hch 3,11-26 / Sal 8 / Lc 24,35-48

“Miren mis manos y mis pies: soy yo”.

Viernes:  Hch 4,1-12 / Sal 118 (117) / Jn 21,1-14

“Jesús se acercó, tomó el pan y se lo repartió”.

Sábado:  Hch 4,13-21 / Sal 118 (117) / Mc 16,9-15

“...anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.

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