Santo-Tomás-Apóstol
En la fe teologal, la iniciativa viene del Dios que llama, y el hombre responde. La credibilidad de la revelación sienta las bases de la sensatez en el acto de fe. La fe bíblica tiene un carácter personal: Dios se revela y Abraham deja su patria; Dios manifesta su nombre a Moisés y este inicia su misión; Dios se revela a Israel, y el pueblo responde.

En Jesucristo, Dios sale al encuentro del ser humano y entra en comunión hasta manifestarse como epifanía y exégesis –o sea, interpretación– del Padre; Cristo es el Verbo encarnado, se muestra como imagen del Dios invisible. A esa manifestación personal de Dios solo se puede responder con una actitud personal de fe, en la que se ejercita el conocimiento, la confanza y el amor. Esa es la fe de los apóstoles ante Cristo resucitado.

La Biblia presenta la fe como encuentro, diálogo y comunicación; suele ir asociada a la Palabra del Señor (Oráculo de Yahvé) y a la escucha del pueblo (Shemá Israel). Es relación dialogal. Ser creyente no supone solo aceptar unas doctrinas reveladas por Dios para saber más sobre Él, sino adentrarse en su conocimiento personal. Implica conocer y dejarse conducir en fidelidad.

Dios es fiel y el pueblo puede farse de Él. La confanza es otra nota típica de la fe bíblica Es Dios quien acredita y garantiza el sentido de la vida y de la salvación. En hebreo la fe tiene como raíz
heimin que signifca ‘frmeza, estabilidad’. De ella procede la respuesta “Amén”.

La fe religiosa (la cristiana, en particular) ha sido acusada de alienación, de renuncia a la propia vocación humana, de falsa ilusión o inversión de la realidad. Esta crítica a la religión es común en el humanismo ateo, la flosofía marxista, el psicoanálisis y el positivismo.

El creyente cristiano no pondrá el énfasis de su fe en la veracidad del Dios que se revela, sino en la calidad humana del mensaje revelado y vivido
(ortopraxis). Se trata de ver el grado de correlación entre la fe y la plena realización del ser humano, ya que este aparece abierto a la trascendencia por medio de la inteligencia y del amor; y toda persona tiene un deseo natural de felicidad, una tendencia a buscar la plenitud más allá de sí misma.

La búsqueda de sentido en los momentos dramáticos, o de éxito deslumbrante obtiene una respuesta en los aportes del mensaje revelado. Aparecen conexiones lógicas entre la flosofía, la psicología y la fe religiosa. Por eso, sostenemos que nuestra fe en la revelación es razonable.

La fe es un don y una gracia, una apuesta riesgosa, pero confada y frme. El último argumento del
creyente es el testimonio de una fe humanizadora y
liberadora de la persona. Creer es un acto gratuito,
adhesión libre de la inteligencia y de la voluntad al
misterio revelado. Creer es una decisión amorosa y
confada: es necesario amar para creer, la fe se confrma con la esperanza y el amor.

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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