San-Juan-de-Ávila
Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) el 6 de enero de 1499, y murió en Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1569. Fue beatifcado el 6 de abril de 1894 por el papa León XIII y canonizado el 31 de mayo de 1970 por san Pablo  I. El papa Benedicto XVI lo declaró Doctor de la Iglesia el 7 de octubre del 2012.

La canonización de este gran santo tardó en llegar (400 años después de su muerte), pero no entraremos aquí en los motivos de ese retraso. Es un santo  distinguido por su humanismo, su pasión por la evangelización y las misiones, su aporte a la reforma de la Iglesia, su capacidad de maestro y educador, su talante sencillo de catequista y escritor. Pero solo pondré de relieve aquí una sola de sus características: su capacidad de compartir los bienes materiales y espirituales.

Los padres de Juan, Alonso de Ávila y Catalina Gijón, eran ricos y tenían una buena posición económica. Juan recibió una esmerada educación en Salamanca y Alcalá. Como era hijo único, heredó de su familia todos los bienes cuando murieron sus progenitores. Después de fallecer sus padres, terminados los estudios eclesiásticos, fue ordenado sacerdote en 1526, y celebró su primera misa en el pueblo natal. Señalan los biógrafos que, ese mismo día de la primera misa, invitó al banquete de festa a doce pobres del pueblo. Además, decidió repartir toda su herencia entre la gente más necesitada.


De ese modo, apoyado en la pobreza de bienes materiales, eligió ser un sacerdote entregado por completo a su misión de evangelizar. También decidió dejar su tierra natal y su patria para pasar como misionero a Las Indias. Se dirigió a Sevilla con el fn de iniciar los trámites necesarios para el viaje. Sin  embargo, el obispo de la ciudad y el Consejo de Indias impidieron su traslado a América para dejarlo como misionero de Andalucía, donde predicó en numerosos pueblos, especialmente en Écija, Baeza, Córdoba, Granada y Montilla.

Juan de Ávila compartió los dones espirituales recibidos por el Señor. Influyó con su escucha y predicación, escritos y consejos en muchas personas de su época. Sancha Carrillo, Juan de Dios, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Teresa de Jesús y Luis de Granada, entre otros, experimentaron su sabiduría como consejero. La preocupación por evangelizar y formar buenos sacerdotes lo llevó a fundar varios colegios, especialmente en Baeza, Jerez, Córdoba y Úbeda. Envió al Concilio de Trento dos
Memoriales que iluminarían a los obispos. Escribió numerosos sermones y obras espirituales, como Audi Filia (Escucha, hija), que le valieron el título de Maestro, y por lo que será proclamado como Doctor de la Iglesia. No le faltaron difcultades en su vida y ministerio, incluyendo la persecución y la cárcel; pero su confanza en Dios y su amor al prójimo fueron siempre superiores. Bienaventurado, Juan de Ávila, por compartir todo lo que el Señor te había entregado.

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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