Santa-Catalina-de-SienaCatalina de Siena (1347 – 1380) no alcanzó los 34 años de vida. Fue la vigesimocuarta de 25 hijos. De niña tuvo un encuentro decisivo con Cristo. Le prometió a Dios que nunca se casaría. Con 17 años vistió el hábito de las Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo. Pasó tres años dedicada intensamente a la oración. Hacia los 20 años vivió una íntima comunión afectiva con su Señor. Sin dejar la casa de sus padres, se dedicó a socorrer a pobres y enfermos. Eran los años de la Peste Negra, epidemia en la que uno de cada cuatro europeos murió.

Enferma y perseguida, Catalina pronto tuvo seguidores. Examinada por el capítulo general de los dominicos, salió airosa y con un confesor: Fray Raimundo de Capua, quien luego sería su discípulo, Maestro General de la Orden y beato. Catalina era encantadora, alegre, cariñosa, espiritual y al mismo tiempo, práctica. Se distinguió por su devoción a la Eucaristía, presencia real de Jesús, como motivación para unir y reformar la Iglesia.

Mantuvo una prolífca correspondencia en toscano popular con obispos, frailes y el mismo papa Gregorio XI. Se conservan 380 cartas suyas. Catalina sufría las llagas de la Iglesia: desde 1304, los papas no residían en Roma; muchos obispos, frailes y sacerdotes ambicionaban el dinero para vivir en el lujo derrochador y placentero, para escándalo de todos.

Su programa consistía en que el Papa regresase a Roma para reformar la Iglesia y que convocase una cruzada para que los príncipes cristianos en guerra se uniesen contra los musulmanes. Recibió en su cuerpo las marcas de la Pasión de Cristo, las cuales no aparecieron hasta su muerte.

En 1376 trabajó por la paz entre la sublevada Florencia y el Papa. Su misión de paz fracasó, pero su persona causó tal impresión en el papa Gregorio XI, que este regresó a Roma en enero de 1377, contrariando al Rey de Francia y a los cardenales franceses.

Durante 1377, Catalina desplegó una gran actividad buscando la conversión de los habitantes de Siena y pueblos aledaños. Por esos días, contó que el Señor le enseñó a escribir, aunque sus secretarios siguieron encargados de su voluminosa correspondencia. En 1378, de nuevo estuvo encargada de una misión de paz; esta vez por iniciativa del papa Gregorio XI ante Florencia. Otra vez fracasó y poco faltó para que perdiera la vida. De vuelta a Siena, redactó su
Diálogo, libro de meditaciones y revelaciones. Fue la primera laica cuya obra en italiano ha perdurado.

En 1378, al romperse la unidad de la Iglesia, gobernada a un tiempo por dos papas rivales, Catalina de Siena apoyó al mercurial Urbano VI en Roma. Allá siguió sirviendo a los pobres y escribiendo cartas para recabar apoyo en favor de Urbano. Le parecía que llevaba sobre sus hombros de mujer la barca de Pedro. Fue canonizada por Pío II en 1461. Paulo VI la declaró doctora de la Iglesia en 1970.

Ora con la Palabra

 

Domingo 11 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Lc 12,32-48

“...donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Lunes: Dt 10,12-22 / Sal 147 (146-147) / Mt 17,22-27

“...Entonces los hijos no pagan”.

Martes:  Dt 31,1-8 / Interlec. Dt 32,3-12 / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ésta le dará más alegría...”.

Miércoles:  Dt 34,1-12 / Sal 66 (65) / Mt 18,15-20

“...allí estoy yo, en medio de ellos”.

Jueves: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1.3-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1 Co 15,20-27a / Lc 1,39-56

“...iBendita tú eres entre las mujeres...”.

Viernes:  Js 24,1-13 / 136 (135) / Mt 19,3-12

“...lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.

Sábado: Js 24,14-29 / Sal 16 (15) / Mt 19,13-15

“...no les impidan que vengan a mí...”.

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