SAN-ROMERODesde el 15 de octubre de 2018 Monseñor Oscar Arnulfo Romero es venerado como santo mártir por la Iglesia católica. Se le reconoce que dio su vida por ser fiel a la fe en Jesús. Algunos decían: “no fue por Jesús, sino por el pueblo salvadoreño, que fue asesinado. No es un santo, sino un héroe. ” Pero la Iglesia lo proclama santo porque entiende que, al dar su vida por el pueblo salvadoreño, la entregaba por Jesús.

Existen dos razones fundamentales para afrmarlo:

1. Monseñor Romero entendió que para seguir a Jesús había que amar y comprometerse con los pobres como Él lo hizo: curarlos de su parálisis, de su ceguera, de su opresión, de su enfermedad, de su pecado. Lo aprendió al acercarse a los campesinos y descubrir que su hambre, y dolor, tenían su raíz en la injusticia de unos pocos. Como él decía: “los pobres me enseñaron a leer el Evangelio”.

2. Como los apóstoles, por la resurrección aprendió a descubrir el rostro de Jesús en los que sufren: “cuando los visitaron, les dieron un vaso de agua o un plato de comida, los defendieron, conmigo lo hicieron.” (Mt. 25,31 - 46).

Al acercarse a los que sufrían, descubrió en su dolor un llamado a comprometerse con ellos.Pero sobre todo fue en la muerte de su amigo, el Padre Rutilio Grande, asesinado por defender a los pobres, que comprendió que el seguimiento de Jesús pasaba por el compromiso con ellos. Entre los pobres, las palabras de Jesús sonaban diferentes, eran descubiertas con nueva luz.

Descubrió que no está la vida en el poseer, sino en darla por quienes se ama. La felicidad no está en acumular, sino en compartir. Que no hay que buscar imponerse por la fuerza y el poder, sino dialogar y compartir como hermanos. Que lo importante no es dejar fuera a los que piensan diferente, sino incluir a todos. Y que el que entrega la vida por eso, la gana.

Por esto la Iglesia lo proclama santo y nos lo propone como modelo. Para invitarnos a trabajar como él por el Bien Común, por lo que es mejor para todos; a buscar no ganar yo todas las batallas, sino siempre a encontrar la forma de ganar todos; a no buscar como colarme al primer puesto, sino luchar para que todos quepamos.

Como Romero, estamos invitados a acercarnos al que sufre, escuchar su dolor y preguntarnos qué me pide Dios ante esta situación. A cuestionarnos qué hacemos por transformar la realidad para que se convierta en Reino de Dios; a quiénes nos unimos, a quiénes invitamos para que colaboren en esta tarea.

Ora con la Palabra

 

Domingo 15 de diciembre: III de Adviento

 

Mt 11,2-11

“...¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”.

Lunes: 
Nm 24,2-7.15-17a / Sal 25 (24) / Mt 21,23-27

“...¿de dónde venía: de Dios o de los hombres?”.

Martes:  Gn 49,2.8-10 / Sal 72 (71) / Mt 1,1-17

“Antepasados de Jesús”.

Miércoles:  Jr 23,5-8 / Sal 72 (71) / Mt 1,18-24

“Y lo llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo...”

Jueves: Jc 13,2-7.24-25a / Sal 71 (70) / Lc 1,5-25

...¡Qué no ha hecho por mí el Señor!”.

Viernes:  Is 7,10-14 / Sal 24 (23) / Lc 1,26-38

“...hágase en mí tal como has dicho”.

Sábado:  Cant 2,8-14 / Sal 33 (32) / Lc 1,39-45

“¡Dichosa tú por haber creído...”.

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