"MonsAdolfo1.jWebpg/A Monseñor Adolfo Casildo de la Caridad Rodríguez Herrera se le recuerda como siempre dinámico, lleno de vida e iniciativas, incansable en el ejercicio de su ministerio, capaz de ampliar su labor pastoral sin escatimar esfuerzo ni sacrificio.  

Nació el 9 de abril de 1924 en el poblado de Minas, Camagüey. En 1936 entra en el Seminario; estudia en Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana. Posteriormente es enviado a realizar estudios de Teología a la Universidad Pontificia de Comillas (Santander), España. El 21 de diciembre de 1947 es ordenado diácono y el 18 de julio de 1948 sacerdote en la iglesia de la Universidad Pontificia de Comillas por el Obispo de Tarragona, Mons. Dr. Dn. Emmanuel Hurtado García.

El 24 de enero de 1952 es nombrado cura encargado de la parroquia de Vertientes. Allí construyó un dispensario médico y, preocupado por la formación de las nuevas generaciones, tres colegios: Virgen del Carmen, Santa Teresita  y una secundaria  básica.

El 8 de junio de 1963 se conoce su nombramiento como Obispo de Tiberiópolis y Auxiliar de Camagüey. El 10 de septiembre de 1964 se hace pública la Bula Papal donde se nombra Obispo Titular de Camagüey.

En 1986, como Presidente de la Confederación de Obispos Católicos de Cuba, le corresponde el discurso inaugural del Encuentro Nacional Eclesial Cubano donde expresa: “… En Él (Jesucristo) miramos con serena confianza el futuro siempre incierto, porque sabemos que mañana, antes que salga el sol, habrá salido sobre Cuba y sobre el mundo entero la Providencia de Dios.”

El 5 de diciembre de 1998 el Papa Juan Pablo II elevó el Obispado de Camagüey a Arzobispado con Mons. Adolfo Rodríguez como primer arzobispo. El 10 de junio de 2002 el Papa acepta su renuncia como Arzobispo de Camagüey. Tiene su último acto público el 5 de mayo de 2003 en la Misa de Acción de Gracias por los 300 años de la parroquia de La Soledad en cuya homilía comentó: “… en el credo decimos: «Creo en la Iglesia». Creer en ella, es amarla, no a la Iglesia abstracta, etérea, ideal, planetaria, de meras palabras teológicas, sino a la Iglesia concreta, práctica, cercana, contenta o apenada, joven o arrugada, a la que acudimos con alegría y esperanza o de la que nos alejamos con remordimiento y pesar.

¡Amemos a la que llamamos Santa Madre Iglesia!”
El 9 de mayo de 2003, en su vivienda, a los 79 años, muere monseñor Adolfo Rodríguez Herrera. Poco tiempo después la diócesis comienza, con el nihil obstat de la Santa Sede, los trabajos iniciales para su beatificación y canonización. Se han recogido muchos testimonios de su vida y su quehacer de hombre de Dios. Este proceso se encuentra hoy en la Congregación para las Causas de los Santos; un milagro atribuido a su intercesión hará posible que sea beatificado aquel que, sin  dudas, vivió heroicamente las virtudes y ha gozado siempre de fama de santidad.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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