medioAmbienteWebEsta semana celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente. El 5 de junio de 1972 la ONU inauguró la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente. Si miramos hacia atrás y vemos el camino recorrido en estos 46 años, nos damos cuenta de la gran concientización que ha tenido lugar desde entonces. En aquella fecha sólo unos pocos expertos se preocupaban por las consecuencias nefastas que el desarrollo tecnológico estaba teniendo sobre la naturaleza. Hoy, la mayoría de las personas ha escuchado hablar de los problemas a los que se enfrenta nuestro entorno.

Sin embargo, a pesar de esta toma de conciencia, no nos deja de inquietar la aparente irreversibilidad de los fenómenos que están ocurriendo y el desánimo nos invade por ello: pareciera que sólo nos quedaría esperar la catástrofe. Tantos anuncios de desastres presentes o futuros corren el riesgo de desanimarnos y sumirnos en la pasividad. No hacemos nada para luchar contra los problemas ecológicos, porque nos hemos convencido de que cualquier intento es vano. Pase lo que pase, nuestro esfuerzo será insuficiente.

Esta actitud derrotista revela el efecto negativo de los malos agüeros: nos anuncian un mal y este se cumple porque creemos no poder hacer nada contra él. Caemos en un círculo vicioso. Al no actuar contra la crisis ecológica, esta se sigue agudizando, nos volvemos más pasivos y no hacemos nada.

Para romper con este círculo, el primer paso es verlo como una oportunidad de cambiar nuestro modo de vida, de crear nuevos hábitos que ayuden a preservar nuestra casa común y nos hagan vivir mejor. Por ejemplo, muchas veces nos dejamos envolver por el fantasma del consumismo, queremos acumular y tener cada vez más. Este deseo desmedido no sólo afecta las cosas que compramos, lo que comemos y usamos, sino que afecta a cada uno, pues nos volvemos esclavos de la codicia, adictos a lo que el mercado propone. Si hacemos el ejercicio de ver cuáles cosas necesitamos realmente, descubriremos que nos hemos rodeado de muchas superfluas. Así, aprender a vivir con lo realmente necesario es una manera de liberarnos y de contribuir a la protección de nuestro entorno.

Otro modo sería el reciclaje. Nos acostumbramos fácilmente a botar lo que ha perdido su utilidad; pero muchas veces esas cosas pueden ser reutilizadas – aquí en Cuba en los puestos de materia prima – o podemos darles nuevos usos. Un caso conocido es emplear la basura orgánica como material para preparar fertilizantes.

Estos son sólo dos ejemplos. Todo lo que hacemos está estrechamente ligado con lo que pasa a nuestro planeta. Hábitos más sanos nos liberarán de las esclavitudes y ayudarán a salvarnos como humanidad. Así podríamos vivir con alegría la transición hacia un modo de vida más verde, sin angustiarnos demasiado por aquello a lo que tenemos que renunciar.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de noviembre: Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Lc 23,35-43

“...Jesús, acuérdate de mí cuando entres en tu Reino”.

Lunes: Dn 1,1-6.8-20 / Interl. Dn 3,52-56 / Lc 21,1-4

“...ha echado todo lo que tenía para vivir”

Martes:  Dn 2,31-45 / Interl. Dn 3,57-61 / Lc 21,5-11

“...Estén sobre aviso y no se dejen engañar...”.

Miércoles:  Dn 5,1-6.13-14.16-17.23-28 / Interl. Dn 3,62-67 /Lc 21, 12-19

“Manténganse frmes y se salvarán”.

Jueves:  Dn 6,12-28 / Interl. Dn 3,68-74 / Lc 21,20-28

“...verán al Hijo del Hombre venir en la nube...”.

Viernes:  Dn 7,2-14 / Interl. Dn 3,75-81 / Lc 21,29-33

“...mis palabras no pasarán”.

Sábado:  Rm 10,9-10 / Sal 19 (18) / Mt 4,18-22

“...dejaron la barca y a su padre y lo siguieron”.

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