casaComunWebEn el cuidado de nuestra casa común, todos reconocen la importancia de la labor de las diferentes disciplinas científicas, pero pocos atienden al papel que las diferentes religiones deben jugar. La creación en general y el hombre en particular no pueden ser reducidos simplemente a datos matemáticos analizables en computadoras. El hombre y su casa, la Tierra, son mucho más; por ello, los relatos con que las religiones intentan desvelar el misterio de la creación del universo alcanzan muchas veces una mayor profundidad.

Las religiones están llamadas a crecer y a dialogar en este cuidado de la casa común. Más aún, en su mayoría están extendidas por la mayor parte del globo y pueden movilizar una fuerza con la que ningún estado puede soñar. "La mayor parte de los habitantes se declaran creyentes y esto debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres, a la construcción de redes de respeto y de fraternidad" (LS 201). Este diálogo solo puede tener lugar a partir de las exigencias que cada religión tiene en términos de derechos humanos, respeto la vida y creencia en la bondad de la obra creadora de Dios. Por eso, "habrá que interpelar a los creyentes a ser coherentes con su propia fe y a no contradecirla con sus acciones (...). Si una mala comprensión de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado (...), los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabiduría que debíamos custodiar" (LS 200).

¿Cómo podemos entonces cuidar mejor la naturaleza, siendo creyentes? Aparte del diálogo imprescindible con la totalidad de las ciencias y de las acciones necesarias que deben implementarse a nivel social, económico y político, los creyentes debemos buscar en la fuente de la creación misma, Dios. Así, "es precisamente el regreso a sus fuentes lo que permite a las religiones responder mejor a las necesidades actuales" (LS 200). En nuestro caso, como cristianos, ello significa tener siempre ante los ojos la bondad de todo lo creado (Cf. Gen 1, 4.10.12.18.21.25.31).

Ora con la Palabra

 

Domingo 23 de febrero: VII del Tiempo Ordinario

 

Mt 5,38-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

Lunes:  St 3,13-18 / Sal 19 (18) / Mc 9,13-28

“...lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse...”.

Martes:  St 4,1-10 / Sal 55 (54) / Mc 9,29-36

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

Miércoles de Ceniza:  Jl 2,12-18 / Sal 51 (50) / 2 Co 5,20 al 6,2 / Mt 6,1.6.16-18

“...tu Padre que ve en lo secreto, te premiará”.

Jueves:  Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25

“...Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo...”.

Viernes:  Is 58,1-9a / Sal 51 (50) / Mt 9,14-15

“Llegará el tiempo en que el novio les será quitado...”.

Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 86 (85) / Lc 5,27-32

“No he venido para llamar a los buenos...”

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