jesucristo-rey-del-universoWebAunque a veces la experiencia del mal parece envolver el mundo, sabemos que en Jesucristo Dios ha vencido definitivamente ese mismo mal. En Jesús de Nazaret encontramos la reconciliación necesaria con Dios, los hermanos y la naturaleza. Si miramos a Jesús cuando enseñaba, notamos cómo Él estaba en relación armoniosa con todo lo creado, con sus discípulos, su Padre, los más pobres y los pecadores. Los ejemplos que Él escoge en sus parábolas son frecuentemente sacados de la naturaleza: la semilla, los árboles, los pajarillos del cielo.

Si contemplamos las actitudes de Jesús aprenderemos a vivir en la misma armonía. Jesús no desprecia la vida, ni el cuerpo. Jesús sabía compartir una comida con sus amigos o con los pecadores (Mt 9, 9-13). Él había aprendido a trabajar como su padre José, con lo cual valorizó nuestro trabajo honesto. Él nos transmitió su experiencia de Dios como Padre amante de toda criatura, que alimenta los pajarillos (Mt 6, 26). Incluso el mar y los vientos lo obedecían (Mt 8, 27). Él no era ajeno a los dolores de su pueblo, y puesto que compartió nuestras necesidades, de Él podemos aprender cómo llevar una vida amando la naturaleza, nuestros hermanos y Dios nuestro Padre.

A través de su muerte y resurrección, no solo somos reconciliados con Dios: es toda la creación, son todas las criaturas: "Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos" (Col 1, 19-20). "De ese modo, las criaturas de este mundo ya no se nos presentan como una realidad meramente natural, porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa" (LS 100).

Así, mirando la gloria del crucificado, descubrimos nuestra propia vocación y la vocación de cada criatura a ser transformados por el amor de Dios.

Ora con la Palabra

 

Domingo 3 de febrero: IV Ordinario

 

Lc 4,21-30

“...Ningún profeta es bien recibido en su patria”.

Lunes:  Hb 11,32-40 / Sal 31 (30) / Mc 5,1-20

“...cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo...”.

Martes:  Hb 12,1-4 / Sal 22 (21) / Mc 5,21-43

“...Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz...”.

Miércoles:  Hb 12,4-7.11-15 / Sal 103 (102) / Mc 6,1-6

“Jesús se admiraba de cómo se negaban a creer”

Jueves:  Hb 12,18-19.21-24 / Sal 48 (47) / Mc 6,7-13

“Fueron (...) a predicar, invitando a la conversión”.

Viernes:  Hb 13,1-8 / Sal 27 (26) / Mc 6,14-29

“Ordenó (...) que le trajera la cabeza de Juan”.

Sábado:  Hb 13,15-17.20-21 / Sal 23 (22) / Mc 6,30-34

“...estaban como ovejas sin pastor”.

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