laudatoSiII6WebLa entrada del pecado en el mundo, tal como cuenta la Biblia (Gn 3), es una historia que nos muestra la fuerza destructora del mal. El pecado que el ser humano comete destruye al mismo tiempo nuestras tres relaciones fundamentales: con Dios, con los otros humanos y con la creación.

Cuando Adán y Eva transgreden el mandamiento de Dios, desobedecen precisamente un mandamiento ligado a la naturaleza. "Puedes comer todo lo que quieras de los árboles del jardín, pero no comerás del árbol de la Ciencia del bien y del mal. El día que comas de él, ten la seguridad de que morirás" (Gn 2, 16-17). La prohibición de comer del árbol es un mandamiento que rige nuestra relación con la naturaleza, que indica la manera adecuada de relacionarnos con ella, de utilizarla.

Pero desde el principio el ser humano no ha sabido relacionarse adecuadamente con la naturaleza, y eso ha roto al mismo tiempo la relación con Dios y con los otros humanos. Cuando Adán y Eva comen del fruto, la primera reacción es cubrirse como signo de vergüenza y de la distancia que se había abierto entre ellos. Después se esconden de Dios. El círculo del mal ha comenzado. Ninguno es capaz de asumir responsabilidad por lo hecho: Adán acusa a Eva, Eva acusa a la serpiente. La expulsión del paraíso es una simple constatación de la ruptura existente: sin una relación honesta con Dios y el prójimo, nuestra relación con la naturaleza no es más que una relación de distancia, desconfianza y abuso. Como ha dicho el Papa: "En estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás." (LS 70).
A partir de ahí el pecado no cesará de multiplicarse: Caín matará a Abel, el mundo se corromperá. Pero Dios no cejará en su deseo de reconciliarnos con Él. Por eso la historia de la salvación, aunque llena de pecado, estará llena de la sobreabundancia de la misericordia divina.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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