viacrucisWebLa fe cristiana no es una fe de dolor, ni de muerte. Al contrario, es una fe de la alegría trasmitida por Dios en su Hijo Jesús, que exalta siempre el valor infinito de la vida. Sin embargo, en el centro de nuestra fe está la pasión y la muerte de Jesús en la cruz. Durante Cuaresma, en todo el mundo, millones de cristianos rememoran la pasión con la devoción del vía crucis. ¿Por qué hacemos esto, cuando sabemos que Jesús resucitó y está sentado a la derecha del Padre? ¿Por qué continuamos recordando este momento de dolor y de muerte?

Que el mundo está lleno de sufrimiento, lo sabemos todos: es suficiente mirar a nuestro alrededor o encender la televisión durante algunos minutos. El ser humano está dividido con Dios, consigo mismo y con toda la naturaleza. Abandonando a Dios como centro de nuestra vida, nos ponemos en el centro, nos creemos Dios mismo y somos incapaces de reconocer nuestros propios límites; así dañamos a nuestros hermanos, a la sociedad y a la creación.

Estamos en guerra con nosotros mismos: cada día en todo el mundo estallan nuevas olas de violencia, de injusticia, de maltratos a las mujeres y a los niños. Y sin ir lejos, en nuestro propio país, ¿cuánta injusticia no presenciamos diariamente? ¡Hay tanto sufrimiento en nuestras familias, barrios, ciudades! Y claro, esta división del hombre consigo mismo solo puede engendrar división del hombre con la naturaleza: si somos incapaces de convivir los unos con los otros, ¡cuánto más con las otras criaturas!

Así, si todavía celebramos el vía crucis es porque sabemos que en Jesús de Nazaret, Dios se hizo uno de nosotros y sufrió las consecuencias de nuestras divisiones. Al celebrar el vía crucis, portamos cada uno nuestra cruz junto a la de Jesús, y sabemos que ni el sufrimiento ni la muerte tendrán la última palabra en nuestras vidas, porque "si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él" (Rom. 6, 8).

Ora con la Palabra

 

Domingo 23 de febrero: VII del Tiempo Ordinario

 

Mt 5,38-48

“...Él hace brillar su sol sobre malos y buenos...”.

Lunes:  St 3,13-18 / Sal 19 (18) / Mc 9,13-28

“...lo tomó de la mano y le ayudó a levantarse...”.

Martes:  St 4,1-10 / Sal 55 (54) / Mc 9,29-36

“...El Hijo del Hombre va a ser entregado…”.

Miércoles de Ceniza:  Jl 2,12-18 / Sal 51 (50) / 2 Co 5,20 al 6,2 / Mt 6,1.6.16-18

“...tu Padre que ve en lo secreto, te premiará”.

Jueves:  Dt 30,15-20 / Sal 1 / Lc 9,22-25

“...Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo...”.

Viernes:  Is 58,1-9a / Sal 51 (50) / Mt 9,14-15

“Llegará el tiempo en que el novio les será quitado...”.

Sábado: Is 58, 9b-14 / Sal 86 (85) / Lc 5,27-32

“No he venido para llamar a los buenos...”

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