VestiduraMisWebHace unos años, tuve una plática con un sacerdote episcopal acerca del uso del hábito en quienes se consagran a Dios. Yo le dije: "Recuerda que el hábito no hace al monje", a lo que él añadió: "¡Pero da presencia!". La vestidura puede servir de signo externo para quien vive interiormente su consagración, aunque hay carismas que optan por asemejarse a las condiciones de vida de la gente sencilla, aun en lo exterior. Mas, ¿podemos pensar que es ese el único hábito o el más importante?

Existen otros hábitos, más interiores que exteriores, que debemos tomar en cuenta para dar a conocer a Aquél que dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6). Me refiero a las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales. Son acciones que hablan por sí solas, como ser compasivos con los desdichados, hacer nuestros los pesares ajenos, compartir el dolor con los abatidos y dar sabor a la vida insípida de los privados de algo. Ellas hablan de fraternidad.

Según pide el Evangelio y los signos de los tiempos, hemos de actuar siempre a favor de los pobres, los enfermos, los marginados y de cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu. La misericordia, hoy más que nunca, exige de los consagrados y consagradas que abran sus mentes, voluntades y corazones a la miseria humana. Cada uno, según la espiritualidad propia de su congregación religiosa o instituto laical, está siendo convocado por el Espíritu Santo para hacer oír la voz del que no es escuchado, para ser heraldos del Dios que está con su pueblo, el que nos acompaña en las alegrías y los sufrimientos, el que nos colma de amor inagotable.

Supliquémosle a nuestro Señor, nos conceda la gracia de ser siempre solícitos con los que requieran de nosotros alguna obra de esa misericordia que redime. Hagamos que el mejor hábito que nos vista sea este: vivir y compartir la misericordia en nuestro quehacer cotidiano para la gloria de Dios y la paz y la alegría de cuantos encontramos en nuestro camino.

Ora con la Palabra

 

Domingo 24 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mc 10,46-52

“...tu fe te ha salvado”.

Lunes:  Rm 8,12-17 / Sal 68 (67) / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba...”.

Martes:   Rm 8,18-25 / Sal 126 (125) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza...”.

Miércoles:   Rm 8,26-30 / Sal 13 (12) / Lc 13,22-30

“...muchos tratarán de entrar y no lo lograrán”.

Jueves:   Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió a doce de ellos...”.

Viernes:   Rm 9,1-5 / Sal 147 (146-147) / Lc 14,1-6

“...se acercó al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:   Rm 11,1-2a.11-12.25-29 / Sal 94 (93) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será ensalzado”.

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