Ven-Señor-a-la-tierra

 

A medida que noviembre avanza, la mirada se nos va hacia adelante: Adviento y Navidad, tiempos de gracia, una buena noticia se nos anuncia llenando nuestra cotidianidad de novedad: Nuestro Dios se encarna, se hace uno de nosotros por amor. Nuestra espera cobra sentido porque Él es nuestra esperanza.

Sin embargo, tras un año estigmatizado por el dolor de nuestra humanidad rota y de frente a un mundo en una crisis sistémica, ¿qué podemos esperar? Lo que siempre se nos ha dado: esperemos la Vida, el que viene
es la vida. Vida que se dona para los demás. No esperemos a un Dios que voltea la cara ante nuestra miseria, ni a uno que mágicamente solucione nuestros problemas o que expanda la finitud de nuestra existencia. Esperemos, más bien, a Ese que quiere estar cerca, que camina a nuestro lado y se hace bondad, ternura, misericordia: vida en nosotros y en comunión con el otro.

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Cómo esperar? Es fácil que nuestra espera se vicie de parálisis. El don gratuito puede parecer un mero consuelo que “nos merecemos”. Contemplarlo con nuestra interioridad inerte es una tentación ante el  agotamiento. Esperanza es esperar afectando y disponiendo el corazón. ¿De qué manera podríamos aguardar la vida sino con una espera esperanzada? Seguimos siendo llamados a poner la confianza en el Padre que nos aguarda en lo secreto. Ser testigos de la buena nueva de Jesús implica necesariamente ejercer la esperanza.

¿
Por qué esperar? Porque ante toda cruz, de frente al dolor, la enfermedad y la muerte, el Sí de Dios a la humanidad sigue estando en un Niño que nace. Seguimos pariendo vida y reconociendo en ella al Emmanuel, al Dios con nosotros. Nuestro Padre nos ama, nos busca y nos espera primero. Y se nos hace vida sin shows, sin rimbombancias, en el silencio y la sencillez de un pesebre; en el anonimato del pobre al borde del camino, en la fragilidad del hambriento, del enfermo, en la urgencia del sediento y la soledad del preso. ¡Cuántos rostros para nuestro Dios vivo, cuántas maneras de encontrarlo, cuántas oportunidades de servirle y hacernos partícipes de su Reino ya presente!

El Dios con el que somos co-creadores, llamados a la responsabilidad y el cuidado, nos aguarda en las fronteras de nuestra sociedad para anunciar testimonialmente la Vida que recibimos. Que podamos reconocer en este cercano Adviento la ocasión de volver a contemplar este Misterio. Porque el
de Dios cuenta con el de María, nuestro . Preparemos nuestra casa (cuerpo, templo). Primero en la intimidad de nuestra oración, luego en nuestra familia y en nuestra comunidad. Dispongámonos y dejémonos afectar por esta Buena Noticia: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 26 de junio: XIII del Tiempo Ordinario

 

Lc 9,51-62

“Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén (...) Te seguiré adonde vayas”.

Lunes:   Am 2,6-10.13-16 / Sal 50 (49) / Mt 8,18-22

“Sígueme”

Martes:  Am 3,1-8; 4,11-12 / Sal 5 / Mt 8,23-27

“¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?”

Miércoles: Hch 12,1-11 / Sal 34 (33) / 2Ti 4,6-8.17-18 / Mt 16,13-19

“Tú eres Pedro, y te daré las llaves del Reino de los cielos”.

Jueves:   Am 7,10-17 / Sal 19 (18) / Mt 9,1-8

“...la gente alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad ”

Viernes:  Am 8,4-6.9-12 / Sal 119 (118) / Mt 9,9-13

“No tienen necesidad de médico los sanos... ”

Sábado:  Am 9,11-15 / Sal 85 (84) / Mt 9,14-17

“¿Es que pueden estar tristes los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?”

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