Es-la-hora-de-lo-humano

En Cuba nos encontramos ante una resonancia contundente por los resultados alcanzados en los efectos no catastróficos de la pandemia desatada en este complejo 2020. Sin embargo, habrá que esperar un tiempo más, pues existe la posibilidad de eventos que pudieran dar al traste con las estadísticas que demuestran un manejo positivo de esta peligrosa enfermedad, la cual ha obligado a la totalidad de la población mundial a otro comportamiento, a otra manera de relacionarnos.

¿Cuál es la clave del éxito, si es que pudiera llamarse así a una menor cantidad de contagiados y fallecidos por este coronavirus con respecto a otros países más desarrollados económicamente? Recuerdo que  cuando empezamos a tomar medidas por la inminencia de su entrada al país, una periodista me comentó con firmeza: “Nosotros no vamos a tener problemas, pues estamos militarizados”. Esas palabras me dejaron consternada, no contesté. Hubiéramos tenido que invertir una gran cantidad de tiempo en un debate y no era el momento ni el lugar para solventarlo.

Lo que sí es un hecho que, independientemente de las peculiaridades de cada país -pequeños, grandes, ricos, pobres, confederados, divididos por provincias-, hay que reflexionar más allá de los datos, de los números sin apelaciones, ciegos, mudos, porque existe algo más que la fría razón: la vida. Y la vida cubana está urgida no de una ética normativa, sino de una ética de la compasión; economía más afecto, lo que requiere cambios sustanciales…

¿Por qué no se reciben las cenizas de un cubano ahogado en un río para que su madre le pueda dar sepultura, si recibimos a nuestra amada Rosita Fornés? “El bien es Dios […], la noción del bien flota sobre todo, y no naufraga jamás”. ¿Por qué llevarse presa a una activista negra por el simple hecho de sentarse en un banco frente a una inmobiliaria? ¿Por qué construimos muros y hoteles y no hay materiales para reparar casas? Pobreza y discriminación también son datos dignos de atender. José Martí, siempre el Apóstol, expresó: “Si yo odiara a alguien, me odiaría por ello a mí mismo”.

Ojalá vuelvan los tiempos en que las familias cubanas se reunían en una mesa con ese afán de “partir el pan”, de raigambre evangélica, de estar y convivir con los demás, de despedir en la muerte, si es posible, a nuestros familiares en los propios hogares, en compañía. Tenemos que hacer de Cuba un espacio habitable para todos sus ciudadanos, estén donde estén. Mudar de tierra no es mudar de alma. Sensibilidad ante el dolor ajeno, ya es la hora de lo humano. No se trata solo de resolver de manera momentánea una jaba con alimentos -eso está muy bien, pero no es todo; es otorgarle otra perspectiva a nuestras vidas.
“Pensar en el sentido de la vida es orar”.

Ora con la Palabra

 

Domingo 22 noviembre:Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo

 

Mt 25,31-46

“Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros”.

Lunes:   Ap 14,1-3.4-5 / Sal 24 (23) / Lc 21,1-4

“Vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas”.

Martes:   Ap 14,14-19 / Sal 96 (95) / Lc 21, 5-11

“No quedará piedra sobre piedra”.

Miércoles:  Ap 15,1-4 / Sal 98 (97) / Lc 21, 12-19

“Todos los odiarán por causa mía”.

Jueves:  Ap 18,1-2. 21-23; 19,1-3.9a / Sal 100 (99) / Lc 21,20-28

“Jerusalén será pisoteada por los gentiles”.

Viernes:   Ap 20,1-4. 11-21,2 / Sal 84 (83) / Lc 21,29-33

“Sepan que está cerca el Reino de Dios”.

Sábado:   Ap 22, 1-7/ Sal 95 (94)/ Lc 21,34-36

“Estén siempre despiertos”.

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