Recordando-el-encuentro“El tiempo vuela” es una expresión socorrida para abarcar esa liquidez de la dimensión temporal, esa que parece escapársenos entre los dedos. Cinco años ya nos separan de la visita del Papa Francisco, de esas apenas 72 horas en que tuvimos el privilegio de recibirlo.

Para la arquidiócesis santiaguera sería en el breve lapso de 17 años la tercera visita papal. Cada una diferente, cada una en un momento especial como Iglesia y como nación, cada una con sus temores y sus esperanzas. El programa que el Santo Padre cumpliría en nuestra arquidiócesis no estaría marcado por encuentros masivos, pero sí muy significativos.

Arribó el 21 de septiembre en la tarde y partió directamente a El Cobre; caía la noche cuando llegó al Santuario de la Madre de los cubanos. Era un peregrino: con un ramo de flores en las manos avanzó lentamente por la senda central del templo hasta el presbiterio. Allí estaba la Madre. Como todo peregrino, depositó flores a sus pies -no había sido previsto este gesto- y encendió su vela. Luego, en silencio, se sentó frente a Ella a orar. En el Santuario pocas personas fueron testigos de este encuentro íntimo y sencillo, silencio elocuente en que sin duda estábamos todos. Luego la oración compartida en voz alta con los obispos cubanos. Los niños de la parroquia le regalaron “Quién dijo que todo está perdido…” en sus voces esa noche.


En la mañana del 22 de septiembre celebraría la misa en el Santuario, sería el primer pontífce en hacerlo. El templo y todo el parqueo estaban inundados por  miembros de las pequeñas comunidades, de toda Cuba hasta allí llegados. “Como María, queremos ser una Iglesia que sirve, que sale de casa, que sale de sus templos, que sale de sus sacristías, para acompañar la vida, sostener la esperanza, ser signo de unidad de un pueblo pobre y digno. Como María, Madre de la Caridad, queremos ser una Iglesia que salga de casa para tender puentes, romper muros, sembrar reconciliación.”

Ya en la ciudad se encontraría con las familias, la Catedral Primada sería el espacio de la festa. Todos querían la bendición para sus hijos y familias. Niños, jóvenes, abuelitos, lo abrazaron, lo besaron, lo arroparon. “Dejemos un mundo con familias, es la mejor herencia. Dejemos un mundo con familias. Es cierto que no existe la familia perfecta, no existen esposos perfectos, padres perfectos, ni hijos perfectos, y si no se enojan, yo diría, suegras perfectas. No existen, pero eso no impide que sean la respuesta para el mañana. Dios nos estimula al amor y el amor siempre se compromete con las personas que ama. El amor siempre se compromete con las personas que ama.”

Cinco años después, cuando pongo la mirada y el corazón en esos días, en esas horas, siento alegría por la huella que dejó en nuestra Iglesia: el reto de ser Iglesia en salida, Iglesia de la cercanía y el encuentro.

Ora con la Palabra

 

Domingo 25 de octubre: XXX del Tiempo Ordinario

 

Mt 22,34-40

“...Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma…”.

Lunes:  Ef 4,32 al 5,8 / Sal 1 / Lc 13,10-17

“...la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía”.

Martes:   Ef 5,21-33 / 128 (127) / Lc 13,18-21

“Es semejante a un grano de mostaza…”.

Miércoles:  Ef 2,19-22 / Sal 19 (18) / Lc 6,12-19

“...escogió de entre ellos a doce…”.

Jueves:  Ef 6,10-20 / Sal 144 (143) / Lc 13,31-35

“...al tercer día mi obra quedará consumada”.

Viernes:   Fil 1,1-11 / Sal 111 (110) / Lc 14,1-6

“...tocando al enfermo, lo curó y lo despidió”.

Sábado:  Fil 1,18-26 / Sal 42 (41) / Lc 14,1.7-11

“...el que se humilla será enaltecido”.

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