Ministerio-sacerdotal

La vocación al sacerdocio ministerial dentro de la Iglesia Católica de rito latino, suele asociarse, casi de modo exclusivo, a la administración de los sacramentos. Es normal que esto pase. El lugar destacado que ocupa el presbítero en la celebración de los sacramentos y el énfasis en ellos que hay en la pastoral eclesial provocan la idea de que existe un único modo de vivir el sacerdocio.

Realmente el Espíritu Santo, que es experto en generar vida y diversidad dentro de la Iglesia, ha suscitado muchas maneras de ejercer el sacerdocio ministerial. Hay sacerdotes diocesanos que, unidos al obispo de una diócesis, pastorean a los fieles de un territorio determinado. Hay sacerdotes que pertenecen a órdenes y congregaciones religiosas (dominicos, jesuitas, carmelitas, franciscanos, salesianos, etc.) que viven en comunidad, bien sea conventual o de vida apostólica. En el rito latino de la Iglesia Católica los sacerdotes son célibes, es decir, no se casan ni forman familia, pero hay sus excepciones. El Papa Benedicto XVI, en el año 2009, permitió el ejercicio ministerial a sacerdotes anglicanos casados que con sus familias decidieron adherirse a la Iglesia Católica.

La diversidad ministerial no solo se da entre casados y célibes, diocesanos y religiosos. Hay que recordar lo que nos dice el Concilio Vaticano II en decreto
Presbyterorum Ordinis sobre el ministerio y la vida de los presbíteros: “el fn que buscan los presbíteros con su ministerio y con su vida es el procurar la gloria de Dios Padre en Cristo. Esta gloria consiste en que los hombres reciben consciente, libremente y con gratitud la obra divina realizada en Cristo, y la manifestan en toda su vida. En consecuencia, los presbíteros, ya se entreguen a la oración y a la adoración, ya prediquen la palabra, ya ofrezcan el sacrificio eucarístico, ya administren los demás sacramentos, ya se dediquen a otros ministerios para el bien de los hombres, contribuyen a un tiempo al incremento de la gloria de Dios y a la dirección de los hombres en la vida divina”.

En Cuba hay una larga tradición intelectual que va de la mano del ejercicio ministerial de muchos sacerdotes, solo basta recordar a Félix Varela. Por otro lado, ha habido insignes maestros, médicos, investigadores de diversas áreas científcas, artistas, oradores, párrocos, maestros del acompañamiento espiritual, predicadores populares y un sinfín de ejemplos en los que hombres llamados por Dios al ministerio sacerdotal han desplegado sus dones de distintas maneras, sin por ello traicionar lo más fundamental de su vocación sacerdotal. Al contrario, han buscados modos novedosos y creativos de vivir el sacerdocio y de acompañar los procesos de fe de muchas personas. Esa es una riqueza que no podemos encorsetar en un solo estilo. Dios llama a personas concretas y no apaga sus dones particulares para ejercer un ministerio, más aún, desea que estos sean puestos al servicio de la misión. Comprender y acoger la diversidad de modos en los que se puede vivir el ministerio es reconocer el modo en que el Espíritu inspira a la Iglesia.

Ora con la Palabra

 

Domingo 9 de agosto: XIX del Tiempo Ordinario

 

Mt 14,22-33

“...iÁnimo, soy yo, no tengan miedo!”.

Lunes:  2 Co 9,6-10 / Sal 112 (111) / Jn 12,24-26

“Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará”.

Martes:  Ez 2,8 al 3,4 L Sal 119 (118) / Mt 18,1-5.10.12-14

“...ése el más grande en el Reino...”.

Miércoles:  Ez 9,1-7;10,18-22 / Sal 113 (112) / Mt 18,15-20

“...allí estoy en medio de ellos”.

Jueves:  Ez 12,1-12 / Sal 78 (77) / Mt 18,21 al 19,1

“...hasta setenta veces siete”.

Viernes:   Ez 16,1-15.60.63 / Interlec. Is 12 / Mt 19,3-12

“El que pueda con esto, que lo haga”.

Sábado: Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
Ap 11,19a;12,1-6a.10ab / Sal 45 (44) / 1Co 15,20-27a Lc 1,39-56

“...iBendita tú entre las mujeres...”.

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